Firma una exhibición en la primera gran etapa de montaña, gana en Andorra la Vella y se viste de rojo con más de tres minutos sobre Primoz Roglic y Enric Mas.
Pogacar rompe la Vuelta en Andorra: un ataque a 50 kilómetros deja la general patas arriba
Firma una exhibición en la primera gran etapa de montaña, gana en Andorra la Vella y se viste de rojo con más de tres minutos sobre Primoz Roglic y Enric Mas.
La Vuelta a España apenas necesitó su primera gran jornada de montaña para conocer quién manda en la carrera. Tadej Pogacar lanzó un ataque a más de 50 kilómetros de meta, se marchó completamente solo y abrió una brecha de más de tres minutos sobre sus principales rivales, en una demostración de fuerza que puede marcar el rumbo de la 81ª edición. El esloveno, de 27 años, conquistó la cuarta etapa, de 104,8 kilómetros con salida y llegada en Andorra la Vella, y estrenó el maillot rojo después de convertir una jornada de cuatro puertos en un monólogo.
No fue un ataque en los últimos kilómetros ni una aceleración para buscar unos segundos. Pogacar decidió moverse en la Collada de Beixalís, todavía con un largo camino hasta la línea de meta, y nadie pudo responder. La carrera quedó partida en dos: Pogacar por delante y el resto luchando por limitar las pérdidas.
Al final, un grupo de seis corredores, con Felix Gall, Oscar Onley, Sepp Kuss, Enric Mas, Primoz Roglic y Jarno Widar, llegó a 2 minutos y 39 segundos. Richard Carapaz cedió 2.57. Una diferencia enorme para tratarse de la primera etapa de montaña de la carrera.
El resultado cambia por completo la clasificación general. Pogacar pasa a liderar la Vuelta con 3.21 minutos de ventaja sobre Primoz Roglic y 3.32 sobre Enric Mas, mientras que otros aspirantes como Kuss, Onley, Carapaz y Gall ya quedan también a una distancia considerable.
El golpe resulta especialmente significativo porque la carrera todavía tiene por delante buena parte de su recorrido. Sin embargo, Pogacar ha conseguido una ventaja que le permite afrontar las próximas etapas desde una posición de absoluto control.
La etapa comenzó con la ascensión a Envalira, el punto más alto de esta edición de la Vuelta, situado a 2.409 metros de altitud. El UAE dejó claro desde el inicio que no tenía intención de permitir que una fuga peligrosa adquiriera demasiada ventaja. La situación cambió camino de la Collada de Beixalís. El Decathlon tomó la iniciativa para endurecer la carrera y seleccionar el grupo, pero el movimiento terminó provocando el efecto contrario: despertó al gran favorito.
A 50,5 kilómetros de meta, Pogacar se levantó sobre la bicicleta y aceleró. Felix Gall fue el único que intentó inicialmente seguir su rueda, aunque pronto tuvo que desistir. El esloveno abrió hueco casi de inmediato y comenzó una contrarreloj en solitario que ya nadie consiguió frenar. En la cima de Beixalís, la diferencia con sus perseguidores era de 1.38 minutos. En el siguiente gran obstáculo, el Coll d'Ordino, la ventaja había crecido hasta los tres minutos. La imagen de la jornada se repetía una y otra vez: Pogacar avanzando solo y un grupo de favoritos intentando ponerse de acuerdo por detrás para evitar una pérdida todavía mayor.
La Vuelta dejará Andorra este miércoles para entrar en España con una sensación difícil de ignorar: Pogacar ha golpeado primero y lo ha hecho con una contundencia que obliga al resto a replantearse la carrera.
La quinta etapa unirá Falset, capital del Priorat, y Roquetes a lo largo de 173,3 kilómetros. Sobre el recorrido solo aparece una dificultad montañosa destacada, el puerto de Paüls, de tercera categoría, situado a 55 kilómetros de la meta.
Salvo sorpresa, será una jornada mucho más favorable para los velocistas. Mientras ellos preparan su oportunidad, Pogacar podrá disfrutar de un día más tranquilo, protegido por un colchón de más de tres minutos que ha construido en apenas una jornada de montaña.
La Vuelta todavía tiene muchas etapas por delante, pero en Andorra ya se ha producido el primer gran terremoto. Y su epicentro ha vuelto a tener un nombre: Tadej Pogacar.
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