23/07/2026
En el día señalado Morante, un gallo, el viento y toros dispares en Santander
Plaza de Toros de Santander.
Lectura estimada: 4 min.
Y mira que aunque se produjo una entrada de 'no hay billetes', de plaza llena hasta la bandera para ver uno de los platos fuertes de la Feria, no todo el monte fue orégano sino más bien que hubo bastante alcaravea tras el análisis final de esta quinta corrida de la Feria de Santander, presidida en esta ocasión por Jesús Javier Plaza, aplicando un criterio para la entrega de trofeos, considerando que el público otorga por mayoría de su petición la oreja del premio y que a Víctor Hernández debió concederle como buen aficionado la segunda tras la lidia al tercero de la tarde, pues su trasteo con la muleta fue un detalle de belleza, entrega, decisión, temple y riesgo, recibiendo además el tarantantán de 'pescadilla', un toro de la Ventana del Puerto bravo y encastado.
Y vamos con más detalles en esta crónica confeccionada desde el palco donde nos coloca a los plumillas de la prensa la empresa directora del coso santanderino al que, personalmente, me gustaría volver a ver con su arena ferruginosa tan difícil de olvidar al haber sido sustituido por arena de albero que parece no asienta ni compacta en este piso de la plaza, y eso lo digo por las trastabilleos y ligeros tropezones de cuantos intervienen.
Llegó Morante de la Puebla para abrir corrida y plaza en la primera de sus actuaciones previstas del sevillano- la otra la tiene en la última de feria el sábado- y salió 'rumbero' a la plaza siendo recibido por el cigarrero con un saludo molestado por el viento. El toro, flojo y con las fuerzas justas recibió un ojal de campeonato en la única vara que se le administró, al resbalarse la puya del picador por quedar tapada por el capote. El caso es que la avería ahí quedó. Al toro le fueron cambiando de terreno para acá y para allá hasta colocarlo muy cerca de la zona torilera. Se vieron las ganas del de la Puebla, aunque la flojedad brusca de "rumbero" fueron acabadas con un pinchazo y estocada. Pitos al toro por flojo y desrazado y silencio al torero que se retiró contrariado entre barreras.
Ante el cuarto 'buscacielos' este del Puerto de San Lorenzo, muy terciado, pitada su escasa presencia y trapío por algunos espectadores, empezó con unos ayudados por alto para no quebrar demasiado al burel. Por momentos pareció que la cosa iba a surgir sacándole el diestro las embestidas con sacacorchos. Con la espada se alargó la suerte pues el animal escarbaba y tardó en igualar. Una vez cuadrado, sonó el aviso, y le propinó una entera muy trasera que produjo que el toro se tragara la muerte, cayendo rendido con síntomas de toro bravo y como a Morante, los aficionados le aplauden hasta por las intenciones, recibió una atronadora ovación a la que respondió con su saludo.
Menos mal que el sábado se podrá ver de nuevo a este icono de la torería que se ha ganado el respeto y consideración del público, pero que hoy por fas o nefas su entrada a Santander no ha tenido más que la presencia de un gallo quirico que echaron a la plaza y que siguió parte de la lidia sin cacareo pero dando quehacer a subalternos y personal hasta que pudieron alcanzarlo y recogerlo en el gallinero.
Y llegó Juan Ortega con las ganas a flor de piel, tanto que no dudó en brindar a 'zarandillo' al público santanderino que se lo agradeció de veras. El toro más enrazado que su hermano anterior, empujó en la única vara que recibió y en la zona más a la abrigada del aire, Juan atemperó la embestida y la brusquedad del ejemplar. Dio tres derechazos inmensos, plenos, tan buenos que desataron los olés del público. Ortega siempre muy gustoso, mató de una estocada entera y recibió la oreja.
Ante el quinto, engatillado de cuerna, que cabeceaba demasiado al terminar el muletazo, se lo brindó a la Alcaldesa de Santander, presente en una barrera del tendido, y propinó una lidia trabajada y poderosa. El animal hacía hilo con lo que la dificultad a solventar fue mayor. Lo despachó de una estocada caída de efecto fulminante.
Y el tercero de la terna, el madrileño Víctor Hernández causó sensación lidiando a "pescadilla", bravo y repetidor al que saludó a pies juntos proponiendo un ajuste con el toro como afirmando que él venía a Santander a ofrecer su mejor toreo y buscar el triunfo a costa de su propia integridad. Sonó la música para acompañar la faena, rubricada con los olés y aplausos cada vez que terminaba una serie. Hay un magnífico pase de pecho, una trincherilla y un desplante realmente bellos. Sensacionales cambios de mano antes del desplante final cuando el toro se lo echó a los lomos alargando el pescuezo. Una estocada entera y golpe de verduguillo mandaron al desolladero entre aplausos a este ejemplar de la Ventana. Y el público pidió la oreja con fuerza, que le fue concedida, y pese a solicitar la segunda, el Presidente no la otorgó, tal vez por considerar algo caída la estocada. No pudo redondear la tarde con el deslucido toro del Puerto de San Lorenzo, desrazado y sin transmisión que cerró la corrida.
Más Info.
FICHA DE LA CORRIDA:
Santander. Quinta de la Feria de Santiago. Lleno de 'no hay localidades'. Sonó el Himno nacional antes de romperse el paseíllo. Se han lidiado tres toros del Puerto de San Lorenzo y otros tres de la Ventana del Puerto, mal presentados, deslucidos y bajos de raza dos de ellos; dos nobles bravos y encastados y otros dos bruscos, por aquello de que en la variedad está el gusto para
MORANTE DE LA PUEBLA, silencio y ovación tras aviso.
JUAN ORTEGA, oreja y silencio
VICTOR HERNANDEZ (Madrid), oreja tras aviso y silencio tras aviso.
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