Varios jóvenes ponen en marcha en Ledigos un proyecto de cerveza rural
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Varios jóvenes ponen en marcha en Ledigos un proyecto de cerveza rural

FOTO ICAL

 La Cerveza Rural Vereda, una bebida artesana como elixir contra la despoblación y una apuesta por la economía circular, el kilómetro cero y la sostenibilidad.

Con 'r' de rural y con 'v' de Vereda en el Camino de Santiago. Un trayecto por el campo en un regreso al pueblo, con el fin de revitalizar el medio rural palentino, en general, y el municipio de Ledigos, en particular. Así es la Cerveza Rural Vereda, una bebida artesana como elixir contra la despoblación y una apuesta por la economía circular, el kilómetro cero y la sostenibilidad. 

 

Vereda, como se llama la cerveza palentina, también da nombre a la casa rural que está unida a la pequeña fábrica artesana, dado que está ubicada en las antiguas cuadras de la vivienda. Un proyecto emprendedor de varios jóvenes que aúna dos negocios para dar vida al pueblo palentino.

 

A la hora de buscar un nombre para la cerveza y la casa rural, “se quería ofrecer un apelativo rústico y que tuviera que ver con el medio rural. Un amigo que nos ha ayudado mucho escuchó la canción de Extremoduro ‘La vereda de la puerta de atrás’, grupo que nos gusta, y decidimos optar por Vereda, que también significa camino”, dando la casualidad que la localidad palentina de Ledigos se ubica en el Camino de Santiago, afirma a la Agencia Ical la gerente de la marca y la vivienda, Belén Sesé.

 

La casa rural lleva operativa desde octubre de 2020, mientras que la venta de la cerveza se remonta a abril del presente año. Tanto ella como Adrián Quintanilla, el actual maestro cervecero y uno de los pilares fundamentales, querían llevar a cabo proyectos en el pueblo. Todo sumado a que otro de los compañeros de la andadura, proyecto que suma un total de cinco personas, ya había regresado a Ledigos, donde poseen ganadería y agricultura propia.

 

La casa, conformada por cuadra, era de los bisabuelos, por lo que querían remodelar la vivienda y poner en marcha alguna acción para “reactivar la economía del lugar y así poder quedarse en el pueblo”. Por ello, se decidió “convertir lo que era una aficción, dentro del ámbito cervecero, en un negocio”. A la vez, restaurar la casa, que se estaba cayendo y, de esa manera, emprender en el ámbito del turismo, sin olvidar la cerveza, ya que “no hay mucha cultura artesana ahora mismo en Palencia”.

 

CUATRO CERVEZAS

Sesé puntualiza que ofrecen cuatro tipos de cervezas, que “son bastante sencillas, ya que, por ahora, no se ha querido hacer ninguna virguería porque el público potencial son vecinos de las zonas rurales”, razón por la que se quiere ir poco a poco enseñando la cerveza artesana y aportando nuevos sabores.

 

Recalca con orgullo que el cereal que emplean en la elaboración es propio, al ser palentino y de Ledigos. Aunque el actual lúpulo procede de León, han plantado en el propio municipio palentino para poder cosechar este año. Añade entre risas que lo único que no son propias son las levaduras, pero deja claro que todo llegará. “Son cervezas realmente rurales y locales, que se nota en la calidad del producto”.

 

En primer lugar, desgrana a Ical que la cerveza rubia “es la más suave de todas y la que más fácil pueda llegar al público que no ha empezado en el mundo de las artesanas. Tiene toques de miel y es muy sencilla, al ser la que más se puede parecer a una cerveza comercial.

 

En relación a la tostada, subraya que tiene toques a chocolate, “no porque lo lleve, sino por las maltas utilizadas, que son tostadas”. Además, contiene centeno para “aportar un punto y una sensación de picor en lengua que le da más cuerpo”

Por su parte, la negra “es muy especial, de la que se pueden sacar mil sabores, como a café, regaliz o ahumado, ya que cada vez que se prueba sale algo distinto en el paladar”. Es una cerveza para personas que les guste esta bebida y fuerte, reconoce.

 

En cuarto lugar, se localiza la IPA, que es la última que se ha sacado al mercado, y es la “más especial y técnica al mismo tiempo”. Es muy fresca, tropical y afrutada, orientada a las épocas de verano como la actual.
 

Entre las principales diferencias con una cerveza industrial, Sesé detalla que, además, de la cantidad de producción, Vereda no filtra. “En los últimos días de fermentación, se pone el fermentador en frío para que la cerveza se quede a unos dos o tres grados. De esa forma, todas las proteínas y el resto de levaduras lleguen a la parte baja del fermentador y se puedan purgar, que no se elimina, sino se destina al ganado, en la apuesta por la economía circular y los ceros residuos”.
 

La cerveza artesana es más turbia que una comercial e industrial, además de que no se añaden conservantes ni se pasteriza. “Si pones un pack de cervezas industriales al sol en agosto no ocurriría nada. En cambio, esta cerveza rural no aguanta esa exposición y tendrán un sabor desagradable”.
 

Para tener una cerveza de calidad, como es considerada Vereda, se debe de utilizar materia prima de calidad y de la que se conozca su origen y trazabilidad, motivo por el que, en su caso, se apueste por productos local en “apoyo al kilómetro cero”, comenta el maestro cervecero de Vereda, Adrián Quintanilla.

 

A todo ello se suma la formación, dado que “no cualquiera puede ponerse a hacer y vender cerveza. Y es que, el maestro cervecero de Vereda lleva 13 años elaborado este producto y ha realizado dos cursos máster en la Universidad de Alicante sobre la elaboración de cervezas y otro sobre Microcervecería. Un aprendizaje combinado con lecturas y formación online a niveles avanzados. Sin olvidar la paciencia y la dedicación.

 

LATAS Y SOSTENIBILIDAD

 

Quintanilla explica que, antiguamente, se hacían las latas de aluminio y el líquido estaba en contacto con el aluminio, por lo que “era cierto que ese sabor a lata pudiera pasar al contenido y al producto final”. No obstante, hoy en día “es una leyenda urbana, aunque todavía se arrastra ese pensamiento”. De ahí que Cerveza Vereda haya apostado por la lata y no por vidrio.

 

Señala que el producto se conserva mejor, al ser muy delicada, ya que no tiene los procesos que los lineales industriales y no lleva conservantes; y evita los rayos de luz, dado que la lata es totalmente opaca. 

 

A mayores, se ha tenido en cuenta el factor medioambiental y la sostenibilidad. “Tanto el vidrio como el aluminio son al 100 por ciento reciclables, pero el residuo que deje el vidrio es infinitamente mayor”. Una botella de vidrio vacía hace 15 latas vacías, asevera.