¿Sufres astemia primaveral? 7 pasos contra el cansancio que llega con el buen tiempo

Astemia primaveral

El miembro del grupo de Residentes y Jóvenes Especialistas de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), el doctor Santiago Taboada, explica que sí, que la primavera se caracteriza por ser una estación en la que se puede estar más cansado de lo habitual.

Factores como el cambio de horario, el aumento de la temperatura, los cambios de presión atmosférica y la humedad, así como las horas de luz o la alergia al polen, provocan en el organismo "un proceso de adaptación al medio que no sobrepasa las dos semanas de duración, durante el cual las personas pueden presentar síntomas como la fatiga, la somnolencia diurna, la dificultad en la concentración, la falta de apetito o el aturdimiento", señala.

 

Este proceso lo encaja en el fenómeno más conocido como 'astenia primaveral', que según asegura "no es considerada una patología", si no más bien "un proceso de adaptación al cambio de factores ambientales antes citados, los cuales provocan síntomas de fatiga, de somnolencia diurna, de dificultad de concentración, de aturdimiento, o de irritabilidad" y que, según afirma, no exceden las 2 semanas de duración.

 

Eso sí, el experto de la SEMG advierte de que las personas alérgicas al polen son más sensibles a este cambio estacional. Además, el doctor Taboada aclara que no está claro que la astenia primaveral sea más frecuente en hombres que en mujeres, o en ancianos que en niños. "No obstante, algunos estudios afirman que hay una mayor prevalencia en hombres que en mujeres, un 56% en hombres frente a un 44% mujeres. En cuanto a los rangos de edad, niños y ancianos son más sensibles a estos cambios ambientales de estación que personas adultas de mediana edad", indica.

 

Desde la Sociedad Española de Médicos de Familia y Comunitaria (SEMFYC) definen la astenia como la 'falta de fuerzas o decaimiento caracterizada por una sensación de cansancio, fatiga física y psíquica, bajo tono vital y apatía'. "La fatiga intelectual, la dificultad de concentración y los trastornos del sueño, la memoria y del apetito son otras de las molestias asociadas a este estado", apostilla.

 

En la mayor parte de los casos asegura que se trata de un síntoma aislado y transitorio que no responde a un motivo concreto, y que incluso puede ser la respuesta del organismo al estrés o al sobreesfuerzo físico o intelectual.

 

¿Qué podemos hacer para sobrellevar ese cansancio?

 

Para sobrellevar esta época de mayor cansancio, los expertos recomiendan desdramatizar y tener a paciencia, ya que normalmente es una situación pasajera. En concreto, el doctor Taboada, de la SEMG, aconseja:

 

1.- Anticiparse al cambio de horario, adaptando gradualmente la rutina diaria a la nueva hora antes de que este cambio se produzca.

 

2.- Llevar un horario regular del sueño/vigilia. El sueño debe ser reparador y es conveniente dormir al menos 8 horas. Las cenas deben ser ligeras y se tomarán al menos dos horas antes de acostarse, para que la digestión no interfiera en el sueño.

 

3.-Llevar un horario regular de comidas, menos alimentos calóricos y más frutas y verduras. Desayuno fuerte y cenas ligeras. Se recomienda repartirlas en cinco tomas si pasan más de cuatro horas de una a otra. Entre horas es mejor consumir alimentos ricos en vitaminas y minerales como frutas, zumos de hortalizas o yogures.

 

 4.- No es preciso el aporte de vitaminas, si no una correcta alimentación.

 

5.- Abundante hidratación. Favorece la función renal e intestinal. Disponer de una botella de agua en un lugar fresco y visible es la mejor forma de obligarse a tomar la cantidad necesaria. Siempre se puede sustituir o complementar con infusiones, zumos y caldos.

 

6.- Realizar ejercicio moderado. Aconseja de media a una hora de ejercicio diario. Pasear, nadar, bailar, montar en bicicleta o hacer yoga son opciones al alcance de todos. Hay que aprovechar las horas de luz natural para salir a tomar el aire y el sol.

 

7.- Evitar sustancias estimulantes como el alcohol, el tabaco y las bebidas excitantes, como el café y el té, que pueden sustituirse por infusiones o equivalentes sin cafeína.