Palencia, unión cofrade

Procesión de la Oración del Huerto en Palencia.

 La Pasión palentina es una de las festividades más importantes de la ciudad, que destaca por la unidad de sus congregaciones

La unión entre las cofradías que dan vida a la Semana Santa palentina son el eje “diferenciador” y “exclusivo” de la celebración respecto a las del resto de festejos de la Comunidad. Durante todo el año y más con la llegada de la Pasión, estas congregaciones demuestran su unidad asistiendo a las procesiones del resto de hermandades, viviendo en conjunto el sentir de la celebración.

 

La Cofradía de la Vera Cruz, la del Santo Sepulcro, la de Jesús Nazareno y la de Nuestra Señora de la Soledad son las cuatro agrupaciones “históricas” que iniciaron la actividad de la Semana Santa palentina, con la creación de la primera de ellas sobre el año 1519. Desde entonces, los fieles de la ciudad han creado más agrupaciones para representar y compartir su fe.

 

 Así, a las antiguas se sumaron otras cinco, la Hermandad del Santísimo Cristo de la Misericordia, la Cofradía de Jesús Crucificado y Nuestra Madre Dolorosa, la Archicofradía de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli, la Hermandad Franciscana de la Virgen de la Piedad y la Hermandad Penitencial de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia (creadas entre los siglos XX y XXI).

 

Ellas han aportado la pasión Palentina la “espiritualidad” de los nuevos tiempos  sin alejarse de la tradición heredada a lo largo de tantos siglos de penitencia pública. En conjunto, todas han impulsado una cita que consiguió la declaración de Fiesta de Interés Turístico Internacional en 2012 y que, desde hace siglos, es considerada como la celebración “más importante” del calendario de la ciudad, como explica el presidente de la Hermandad de Cofradías Penitenciales, Antonio Motila Matía.

 

Un total de 16 procesiones vertebra la festividad, desde el sábado de Pasión hasta el Domingo de Resurrección, que se completa con un sinfín de actos penitenciales y litúrgicos que configuran una manifestación festiva que aúna factores sociales, culturales, espirituales, religiosos, turísticos y económicos.

 

Procesión del Rosario.Procesión del Rosario.

 

LA VESTICIÓN

 

Así llegan los momentos clave que disfruta los feligreses, ciudadanos o turistas que acuden a la capital palentina durante las fechas. Uno de los momentos “más destacados”, como recuerda Motila, transcurre a la caída de la tarde del Domingo de Ramos cuando el discreto cortejo procesional del Santo Rosario del Dolor sale de la Iglesia de San Pablo, como si de una romería se tratase, para atravesar la infranqueable barrera de la vía férrea.

 

El barrio del Ave María es el primer camino de la comitiva, que continúa hacia el barrio del Cristo para ascender hasta los mismos pies de la talla de Victorio Macho que observa Palencia y sus tradiciones.

 

Los fieles palentinos continúan la celebración en la tarde del Lunes Santo. Uno de los momentos más “curiosos”, para los turistas, devotos y espectadores en general, tiene lugar, precisamente, en la procesión de esta jornada: el Acto de Vestición.

 

Dos hermanos de cada una de las cofradías protagonizan este instante. Paso a paso suben la escalinata del Ayuntamiento, mientras se colocan las distintas partes que componen sus hábitos. La túnica, el cíngulo, el capirote, la capa o la medalla. En esta escena participa también un sacerdote, que se encarga de explicar el significado de cada uno de los elementos.

 

La Capilla de Jesús Nazareno abre la tarde del Martes Santo. Desde ella parte la comitiva de hermanos de esta cofradía que, acompañando al paso de ‘La Traición de Judas’ y emulando a las turbas que acudieron al Huerto de los Olivos a prender a Jesús, se encaminan hacia la Iglesia de San Miguel.

 

EL PRENDIMIENTO

 

Uno de los actos “más singulares” tiene lugar en esta procesión, el acto del Prendimiento. En él, se recitan los evangelios donde se narra el pasaje del Prendimiento, en el que Jesús es arrestado por los romanos tras la traición de su discípulo Judas.

 

El Prendimiento. 

 

 Cuando finaliza la lectura, un miembro de la congregación nazarena golpea tres veces la puerta de la Catedral en unos toques secos que se intercalan con tres toques de tararú. La respuesta a esta llamada es la apertura de los portones que permiten la salida de la imagen del Cristo de Medinaceli.

 

Aunque los anteriores son momentos claves de la Semana de Pasión de la ciudad del Cristo del Otero, la procesión más numerosa llega en la tarde del Jueves Santo. La cita reúne también el mayor número de pasos. Es la procesión de la Oración del Huerto, el desfile titular de la cofradía más antigua, la de la Vera Cruz.

 

La misma tiene su punto álgido en los Cuatro Cantones, en pleno corazón del Casco Histórico de la ciudad. Allí, las imágenes del Lignum Crucis y de Nuestra Señora de la Vera Cruz son izadas con esfuerzo y tesón para salvar el obstáculo que suponen los bolardos de piedra.

 

Llegando casi al fin de una de sus mayores celebraciones, los fieles palentinos vuelven a congregarse el Viernes Santo. Durante la mañana se realiza el “colofón” de la procesión de los pasos con la Despedida del Jesús Nazareno ‘el Viejo’, “tan querido” para los vecinos de la ciudad, a la Virgen de la Amargura. El nazareno se arrodilla hasta tres veces antes ella en una estampa que gozan los espectadores.

 

En la misma jornada, por la tarde, se celebra la Función del Descendimiento, un conjunto de representaciones de los misterios de la Pasión de Cristo.

 

Así llega a su fin la Semana Santa palentina, que pone el punto y final al conjunto de celebraciones en la ceremonia del Rompimiento del Velo, en la que la Virgen pierde sus vestiduras de luto para mostrar un rostro radiante ante la visión de su Hijo resucitado.

 

A estos momentos clave para cofrades y creyentes palentinos les acompañan muchos más que se viven entre sus congregaciones, de niños a mayores, y renovando las antiguas tradiciones. El presidente de la Junta de Cofradías recuerda entre ellas la costumbre de repartir entre los hermanos de algunas agrupaciones limonada y pan de anís, en memoria de las famosas colaciones que en tiempos pasados se ofrecían a los penitentes, disciplinantes y autoridades asistentes al cortejo.

 

EL TARARÚ

 

Si de diferencias se trata, Palencia también cuenta con una tradición para anunciar la Pasión. Y es que el toque de trompeta destemplada popularmente reconocido como el tararú es uno de los elementos que se ha conservado en el la historia de la Semana de Pasión Palentina. Con él se busca imitar los sonidos del instrumento romano con el que se anunciaba el cortejo de los condenados a muerte.

 

Con sus primeras referencias documentales en el siglo XVI, el tararú es el protagonista de otra tradicional actividad, la  ‘llamada de hermanos’: un aviso con el tararú a las puertas de las casas de los cofrades, dando tres golpes en las mismas como señal de aviso, y que es como se recuerda al antiguo modo de llamar a los hermanos cofrades de penitencia en los siglos XVI y XVII.