Nuevos partidos frente a formaciones tradicionales: ¿Continuará la tendencia en estas elecciones?

Más de un tercio de los votos que recibieron los partidos españoles en 2015 fueron a parar a candidaturas que, o no existían, o no se habían presentado a las elecciones generales previas.

Los resultados históricos de las elecciones en España marcan una diferencia entre el resultado de 2016 y el de 2015 relativamente peque­ña, lo cual es muy lógico por cuanto sólo transcurrieron seis meses entre ambos comicios, mientras que las diferencias entre el resultado de las elecciones de 2015 y 2011 fueron muy importantes. La principal fue el enorme descenso del apoyo electoral a todos los principales partidos de ámbito nacional: el PP perdió más de 3,6 millones de votos, seguido del PSOE, que perdió más de 1,4 millones, de UPyD, que perdió casi un millón de votos, y de IU, que perdió 0,76 millones, como señala la publicación realizada por el Gabinete de Estudios Electorales del Ministerio del Interior.

 

Hubo al menos otro cambio destacable, aunque de menor entidad que el previo, respecto a 2011: el descenso en votos de las candidaturas nacionalistas. A lo largo de la legislatura, CiU se había escindido, y aunque más de medio millón de votantes dieron su apoyo a Democracia i Llibertat, el partido refundado que sucedió a Convergencia Democrática de Cataluña, esta formación dejó de recibir 448.438 votos de la antigua CiU, mientras que ERC logró atraer 344.797 votos más que en 2011. En el País Vasco, EH-Bildu obtuvo 334.498 votos menos de los que en 2011 había logrado Amaiur. Además, también BNG, CC y PNV perdieron votos respecto a 2011. En definitiva, en 2015 se produjo un castigo electoral muy pronunciado, que afectó a la casi totalidad de los partidos políticos tradicionales con representación en el Congreso de los Diputados, tanto de ámbito nacional como de ámbito autonómico. Y ese descenso electoral no supuso un aumento de la abstención, como solía ocurrir en España casi siempre que las elecciones generales implicaban cambios electorales de cierta entidad. Al contrario, las candidaturas que se presentaron a las elecciones en 2015 recibieron un millón de votos más que las que habían concurrido en 2011.

 

El importante cambio electoral que las elecciones de 2015 y 2016 han supuesto no ha cambiado, como es notorio, al que ha sido el partido más votado en el conjunto de España, pero sí se ha reflejado en cuál ha sido el partido más votado en algunas provincias españolas. Desde que en 1982 PSOE y PP (AP entonces) se convirtieran en los dos principales partidos de la política nacional, uno u otro han ganado en la abrumadora mayoría de las circunscripciones. Sólo en 4 de las 52 circunscripciones españolas el partido más votado ha sido casi siempre un partido nacionalista.

 

El cambio político que se ha producido en las últimas legislaturas ha supuesto que en 2015 el PP y PSOE sólo fueran los partidos más votados en 44 circunscripciones, y en 2016 en 45, claramente por debajo, en ambas ocasiones, de su mínimo histórico previo.

 

Pero ese cambio político ha afectado aún más claramente a los partidos nacionalistas que solían ganar las elecciones en País Vasco y Cataluña. Los partidos más votados en 2015 y 2016, en todas las provincias que integran esas dos comunidades autónomas, han sido formaciones que nunca antes habían concurrido por esas provincias. Podemos ha ganado las dos últimas elecciones generales en las tres provincias vascas, y también en Barcelona y Tarragona (En Comú Podem), que eran las dos circunscripciones catalanas en las que, hasta esos comicios, con frecuencia el PSOE ganaba las elecciones generales. En Girona y Lleida fue Democracia i Llibertat (procedente de la antigua Convergencia Democrática de Catalunya, escindida de CiU) la formación política que ganó en 2015, mientras que en 2016 ERC se convirtió en el partido más votado en ambas provincias.