Los cementerios en el norte de la provincia de Palencia, arropados por antiguas iglesias románicas
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Los cementerios en el norte de la provincia de Palencia, arropados por antiguas iglesias románicas

FUNDACIÓN SANTA MARÍA LA REAL

Como buena tierra castellana, a sus habitantes les gusta honrar a sus muertos llevando flores.

La provincia de Palencia no destaca por contar con una celebración en especial o por tener alguna tradición diferente en lo que se refiere a festejar el Día de Todos los Santos cada 1 de noviembre. Pero como buena tierra castellana a sus habitantes les gusta honrar a sus muertos llevando flores a los cementerios.

 

Por eso, durante esas fechas, además de degustar huesos de santo y buñuelos de viento, los cientos de camposantos y los pueblos de la provincia palentina se llenan de gente para celebrar la festividad de los difuntos.

 

Aparte de estas típicas costumbres, lo que seguro que muchos de los que esos días se acercan a los cementerios no saben es que, quizá, el suelo que estén pisando sea el de una antigua iglesia románica o que los muros de los mismos están construidos con las piedras de una ermita.

 

Según el director del Centro de Estudios del Románico, Jaime Nuño, hay tres casos en los que se utiliza una antigua iglesia parroquial abandonada para crear un cementerio. Uno, es la utilización de las piedras como "simple material de construcción"; otro, es el uso de una vieja ermita en su mismo solar para albergar el cementerio, "que es lo más común" asegura Nuño, y por último, trasladar la iglesia al lugar donde se va a construir el nuevo camposanto.

 

En la provincia de Palencia existen varios ejemplos como los cementerios de Parapertú, Resoba, Arbejal y Cubillas de Cerrato, o en Brañosera, Vega de Bur, Quintanilla de las Torres, Quintanaluengos o Aguilar de Campoo.

 

En concreto, en Perapertú, Resoba, Arbejal y Cubillas de Cerrato, se llevaron el cementerio a una iglesia que existía en ruinas, mientras que en Quintanaluengos con los restos de una ermita medieval construyeron el actual cementerio.

 

Por otra parte, San Andrés en Aguilar de Campoo fue trasladada a principios del siglo XX desde las laderas del castillo al llano para usarse como capilla del nuevo cementerio (que ya se clausuró también hace décadas). Y Santa Cecilia, en las laderas del castillo, fue utilizada como cementerio después de su cierre como iglesia.

 

"Es un fenómeno bastante común, no solo en Palencia, también hay algunas en Burgos y una en Olmedo (Valladolid)", explica Nuño.

 

LOS CEMENTERIOS EN LA EDAD MEDIA

 

La razón tiene que ver con la propia historia de los cementerios, ya que durante la Edad Media se entierra fuera, alrededor de las iglesias, salvo "casos privilegiados" que son enterrados dentro. Pero a partir del siglo XVI, hay un cambio y se pasa a enterrar a todo el mundo en el interior.

 

"Se hacen mallas en el suelo como una especie de calles y en cada tumba, que suele tener tres piedras de cubierta, que constituyen el propio pavimento de la iglesia. En el centro hay un huequecito con una llave para levantarla", apunta el director de Estudios del Románico.

 

Esta rutina se mantiene hasta 1830, porque ya en la década de los treinta hay una disposición gubernamental que obliga a sacar los cementerios fuera de las iglesias y preferiblemente alejarlos del casco urbano por una cuestión de salud pública. Algo que muchos pueblos, que llevan años enterrando a sus muertos de esta manera, ni entienden ni aceptan.

 

Así, muchos se llevan el camposanto fuera del pueblo a un lugar donde hubo una ermita para que de alguna manera sigan vinculados a un territorio sagrado.

 

POBLAMIENTO MEDIEVAL

 

La existencia de estas viejas iglesias en las proximidades de los pueblos, que entonces pasaron ser los cementerios citados, tiene mucho que ver con el tipo de poblamiento medieval, puesto que son los últimos restos de antiguas aldeas ya desaparecidas.

 

La colonización de tierras, especialmente en época románica, hizo que se multiplicasen las nuevas fundaciones de pueblos, incluso muy cerca unos de otros, puesto que, salvo un arroyo o un manantial, no tenían necesidad de otros servicios y era más fácil construir nuevas casas cerca de las tierras que se cultivaban que trasladarse diariamente a trabajarlas. Muchas de aquellas nuevas poblaciones acabaron desapareciendo, sobreviviendo solo su parroquia, convertida en ermita.

 

Es el caso, por ejemplo, de Brañosera, que conservó la antigua iglesia del fuero, "no la del siglo IX" la original, pero sí del XIII, que incorpora además una lápida de consagración fechada en 1118. O el de Aguilar, que cuando se bajó el pueblo al llano, las laderas del castillo se quedaron abandonadas lo que supuso el declive de Santa Cecilia y San Andrés.

 

En otros pueblos todavía mantienen ese tipo de estructura, como en Becerril del Carpio que llegó a tener tres pueblos con sus tres iglesias: Puebla de San Vicente, Barrio de San Pedro y Barrio de Santa María, los Balbases, en Burgos o Canduela, que "se conformó en origen en tres pueblos" ya que existen tres cementerios medievales de tumbas excavadas en piedra dentro del actual casco urbano.