La participación electoral tratará de romper la pobre barrera marcada en 2016

La participación mínima en unas elecciones generales ha sido del 66,5% en 2016, frente a la máxima que fue en 1982, llegando al 80%.

El 15 de junio de 1977 se celebraron las primeras elecciones a Cortes Generales de la vigente democracia española. Tras esas elecciones constituyentes, y tras la aprobación de la Constitución, en España se han celebrado doce elecciones a Cortes Generales. Las últimas, el 26 de junio de 2016, han sido las únicas que han sido convocadas en aplicación del artículo 99.5 de la Constitución, esto es, por la imposibilidad de investir a un presidente de Gobierno tras las elecciones del 20 de diciembre de 2015.

 

La participación en las elecciones generales celebradas en España en los casi 40 años transcurridos de 1977 a 2016 ha oscilado considerablemente: la mínima ha sido el 66,5%, frente a una máxima del 80%, como señala la publicación realizada por el Gabinete de Estudios Electorales del Ministerio del Interior. La participación en elecciones a Cortes ha tenido una variabilidad máxima de 13,5 puntos porcentuales, siendo la elección de 1982 la más participativa de todas las celebradas en la vigente democracia española, y la última, la de 2016, la menos participativa.  

 

En los últimos años la participación no ha alcanzado niveles tan elevados como los de 1977 y 1982, ni tampoco como los altos niveles de movilización de las elecciones celebradas en los años 90. De hecho, en las cuatro décadas trascurridas desde las primeras elecciones democráticas, la participación en España ha seguido una tendencia descendente, tendencia que se ha acentuado especialmente en las últimas tres elecciones generales, ninguna de las cuales ha alcanzado una participación del 70%.

 

Hasta la pasada década se afirmaba, en el ámbito académico, que las elecciones generales celebradas en España podían clasificarse en un esquema dual bastante simple y lógico. Conforme a esa tipología o clasificación de las elecciones, podía decirse que existían dos tipos de elecciones:

 

1. Las elecciones de continuidad, caracterizadas por bajas tasas de participación (1979, 1986, 1989 y 2000) con participaciones próximas al 70%.

2. Las elecciones de cambio, caracterizadas por niveles de participación mucho más elevados (1982, 1996, 2004) con tasas de participación del 75% y superiores.

 

Sin embargo, las Elecciones Generales del 20 de noviembre de 2011 parecieron invalidar esa tipología, pues fueron unas elecciones de cambio pero muy poco participativas. Supusieron un gran cambio político, pues se pasó de la victoria socialista por mayoría simple en 2008, a una victoria del PP por mayoría absoluta, pero tuvieron una participación muy baja. Sólo votó el 68,9% de los españoles, tasa de participación muy próxima a las mínimas históricas de las elecciones generales en España hasta entonces: el 68,7% de 2000 y el 68,04% de 1979.

 

Lo ocurrido posteriormente parece confirmar que esa tipología o clasificación ya no es válida para caracterizar las elecciones españolas, al menos no las más recientes: las elecciones de 2015 suponen un cambio drástico en la composición del Congreso, cambio que se produjo, por segunda vez consecutiva, con un nivel de participación muy bajo.

 

De hecho, el cambio electoral habido en las elecciones de 2015 es casi de tanta entidad como el drástico realineamiento del sistema de partidos que se produjo tras las elecciones generales de 1982, lo que confirma que en España el cambio político-electoral ha dejado de estar asociado a altas tasas de participación, al menos, en esta etapa reciente.

 

En suma, el nivel de la participación en las elecciones generales en España parece haber dejado de estar relacionado con la competitividad de la elección, con el grado de cambio que la misma implique. Y lo que resulta indiscutible es que, en perspectiva histórica, la participación en las elecciones generales en España está descendiendo, aunque moderadamente, algo que no debe sorprendernos, pues también está ocurriendo en otros países europeos en las últimas décadas.

Foto: Europa Press