La cara artesanal de la luz en Palencia
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La cara artesanal de la luz en Palencia

Así es la cristalería en el taller palentino Laborda ICAL

Vidrieras artesanales y joyas se convierten en el oficio principal y a medida de la cristalería y taller palentino Laborda

Vidrio y más vidrio. Oficio al puro estilo artesano que gira en torno a la acción y penetración de la luz. Dejando a un lado las ventanas, escaparates o elementos diarios, la cristalería palentina Laborda da un paso más y convierte este material en verdaderas obras de arte, todo ello aplicado a vidrieras artísticas, además de joyería artesanal.

 

El trabajo de Eva Martín y Carlos Laborda, propietarios del negocio, gira principalmente en torno a las vidrieras emplomadas, ya que “no hay tantos talleres dedicados a dicha actividad, al ser un trabajo laborioso y que hay que conocer bien”. Además, se requiere mucho tiempo a la hora de preparar las plantillas, cortar, ajustar y pulir el vidrio o introducir el plomo, detallan en declaraciones a la Agencia Ical.

 

Dentro de esta tipología hay diversas variedades, comenzando por la vidriera emplomada básica, conformada por vidrio y plomo, apunta Laborda. Después se pasa a otro estilo, en el que se sigue teniendo el vidrio y el plomo, pero se le añaden unos motivos horneados. Es decir, “una decoración similar a una porcelana”. En un principio “el vidrio es una pieza incolora, aunque el resultado final se convierte en un aspecto diferente”, como amarillo por ejemplo, añade.

 

Para conseguirlo, antes de emplomar, explica que se aplica esmalte negro y se introduce en el horno. Tras su salida, se vuelve a aplicar un esmalte amarillo y se vitrifica durante un tiempo en el horno. De esa forma, “las piezas comienzan a tener color”. No obstante, puntualiza que, actualmente, ya hay piezas directamente de color, salvo raras excepciones, por lo que se podía sustituir dicha operación.

 

Destaca que, de igual manera, en la antigüedad tenían que colorear sus propios vidrios, algo que también hacen ellos para obtener dibujos. Es el caso de las letras y nombres en las vidrieras, ya que “no se venden piezas con letras o detalles únicos, de ahí la necesidad de realizar diferentes técnicas para conseguir el resultado buscado, como es el caso de la técnica de grisalla, acompañada de mucho calor, aplicada para poder escribir o dibujar sobre el vidrio y generar una única pieza”.

 

Sin vidrio español

“Hay muy poca fabricación nacional de vidrio, por lo que se realizan encargos a casas internacionales para poder trabajar, con fábricas en Estados Unidos, Alemania y Polonia”. Dependiendo de la técnica, es necesario emplear unos vidrios u otros, debido a la existencia de unidades con diversas texturas, comenta.

 

El maestro artesanal afirma a Ical que en el taller tiene vidrios soplados fabricados en Alemania que cuestan “500 euros el metro cuadrado”. Y es que, a la hora de restaurar una vidriera, “se debe de hacer con el más similar que exista”. Por ello, hay fábricas que poseen un gran abanico de colores, caracterizados por una amplia graduación de tonalidades, que “posibilitan poder llegar al color exacto”.

 

Esta fabricación es manual, los que incrementa el coste, a lo que se suman los gastos por los aranceles, los transportes, intermediarios o distribuidores, así como las posibles roturas. Esa es la razón por la que haya piezas con precios entre los 130, 200 o 300 euros por metro cuadrado, subraya.

 

Uno de los propietarios señala que “no hay producto nacional porque no es rentable para los fabricantes, al tener un enfoque más industrial”, a partir de cerramientos, ventanas, duchas o escaparates, es decir, una producción destinada al “consumo del día a día”. Antes había unas gamas de colores en el Catedral 140, un tipo de vidrio de cristalería española, pero “se dejó de fabricar, dado que uno de los productos de su composición era cancerígeno”, reconoce.

 

Por ello, a la hora de realizar una vidriera, hay que preguntar a cada cliente qué tipo de vidrio quiere, con el fin de diferenciar entre la mucha o poca entrada de luz y la aparición de otro tipo de efectos. Al final, “la vidriera es luz y cristal, pero, en ocasiones, se busca apagar la luz o conseguir otros resultados”.

 

Joyería

El taller palentino también emplea su saber para obtener piezas de joyería a base de vidrio. Para ello, se utiliza un soplete, cuanto más potente mejor, y unas gafas especiales para poder apreciar los colores, ya que el vidrio “se enciende con el calor y se vuelve rojo anaranjado, sin apreciarse los colores”. Por noma general, con el vidrio se realizan piezas de soplete, de la mano de una materia prima que “siempre necesita calor para poder manipularlo”.

 

En dicho proceso es necesario el horno para hacer recocidos, debido a que el vidrio “no es transmisor de calor, de ahí que se pueda producir un choque térmico y romper”. La historia se centra en ir fundiendo el material con “mucho cuidado, puesto que el vidrio se cae”. En todo momento no se deja de mover mediante se aplica el calor, por lo que “se deposita y corta dicho material por la acción del soplete y se sujeta con el mandril metálico, para obtener el diseño buscado”. En este caso una pieza redonda, denominada cuenta, usada para un colgante, una pulsera o pendientes.

 

Tras conseguir la base de color negra, lo más redonda posible, se aplican puntos de decoración de otro color, pero sin dejar de girar y calentar la pieza. Todo ello con el objetivo de mezclar diferentes vidrios y dar diversos efectos y colores, relata Carlos Laborda. Así una y otra vez, poco a poco. Al lograr el resultado perseguido, es necesario realizar un recocido de seis horas hasta temperatura ambiente para evitar fracturas o deformaciones, apostilla.

 

Aun así, aclara que hacer una pequeña pieza “conlleva mucho tiempo, a lo que se suma el desembolso del material y la mano de obra, donde las piezas resultantes tiene como único destino la joyería”. A todo ello, se puede utilizar plata, oro u otros metales aceptados por el vidrio y que producen “unos efectos preciosos”, todo ello dentro de la pieza como tal.

 

A mayores, también se pueden realizar combinaciones de pequeñas piezas y formas de vidrio junto con planchas tradicionales, como puede ser la elaboración de ramilletes de flores, racimos de uvas o cualquier otro detalle, con la misma técnica de la joyería. Es decir, mezclar diversos vidrios realizados con diversas técnicas, pero compatibles, al poseer el mismo coeficiente de expansión, asevera el maestro.