Gracias Palencia

La esposa de José María Hernández, María Antonia Pardo, agradece en una carta abierta a todos los palentinos el apoyo y las muestras de cariño que ha recibido estos días.

No se cómo empezar, ni siquiera que decir. Estoy rota de dolor pero mi corazón me pide que no deje pasar ni un minuto mas.

 

He sufrido los momentos más duros de mi vida junto con la muerte de mis padres, pero entonces mi dolor era anónimo.

 

He sentido el calor de la provincia de Palencia de Norte a Sur y de Este a Oeste. No me ha servido de consuelo o, quizás si el saber que tantas personas valoraban el esfuerzo y desvelo de mi marido, de Chema, por esta querida provincia, por encima de ideologías. “Era una buena persona, quédate con eso”, “nos ha ayudado siempre que ha podido” y más frases que, como esas resumían el sentir de muchos. Así empecé a pensar que aunque su dedicación había robado parte de mi-nuestra vida, ese esfuerzo había sido útil para otras personas. No me consuela o quizás si el saber que ese hombre que compartía su vida con los demás y también un poquito conmigo era, a los ojos de ellos “una gran persona” y “un trabajador incansable”

 

Se ha ido mi otra mitad, la persona con la que he compartido toda mi vida desde que yo era estudiante. Pero mi carta a Palencia era para agradecer a esos miles de personas que desde toda la provincia ( y también de otras) y la capital palentina nos han mostrado a Chema y a mí su cariño.

 

En mi corazón y en mi mente se agolpan el dolor, la tristeza y el AGRADECIMIENTO. Agradecimiento a mis amigos que han estado ahí aún viniendo alguno de lejos, a mis compañeros de trabajo y a mis alumnos que me han dado su apoyo y cariño y me han reconfortado, a los compañeros de trabajo de Chema, desde el primero hasta el último, de ahora y de siempre que nos han mimado, a sus compañeros políticos que han intentado consolarnos y animarnos y a Merche que incluso me ha sacado una tenue sonrisa. Pero sobre todo, y que me perdonen los anteriores a todo el pueblo palentino de la provincia y de la capital, de la capital y la provincia que han mostrado su cariño y respeto por mi marido y su trabajo.

 

Podía haberlo hecho en la Catedral, tras las cariñosas palabras de reconocimiento del Sr Obispo, don Esteban, pero creía ese era el momento del recogimiento para confortar su alma según nuestras creencias.

 

Seguramente querría decir muchas más cosas y, con la cabeza más fria probablemente mucho mejor expresadas, pero aunque mi dolor es inmenso, como decía al principio no quiero dejar pasar ni un minuto más.

 

GRACIAS PALENCIA