En Becerril, se armó el Belén
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En Becerril, se armó el Belén

Los vecinos de Becerril de Campos organizan por séptimo año una participativa cabalgata de Reyes con belenes vivientes y escenas tradicionales en diferentes puntos de la localidad.

La espesa niebla que cubría Tierra de Campos durante todo el día del lunes preocupaba por si podía entorpecer la llegada de los Reyes Magos, pero a Becerril arribaron puntuales, sabiendo que el pueblo entero los esperaba con una de las cabalgatas más participativas y entrañables de las que se celebran en la provincia.

 

Por séptimo año, los vecinos de la localidad se organizan y se vuelcan para dar un gran recibimiento a Sus Majestades de Oriente en un recorrido a medio camino entre entre el desfile, el teatro y la representación costumbrista.

 

El Real Cortejo partió de la plaza Mayor acompañado de niños y jóvenes y por los dulzaineros del pueblo y los que están aprendiendo en Villamartín a través de la Escuela de Folclores de la Diputación.

 

Las tres carrozas, tiradas por los no menos tradicionales tractores, hicieron su primera parada en la residencia de ancianos Cristo de San Felices, donde los Reyes pasaron a visitar a los abuelos.

 

Después del encuentro con los mayores, y guiados en todo momento por la Estrella de Oriente, llegaron al primero de los Belenes vivientes instalado en el atrio de la iglesia de Santa María. Allí adoraron al Niño, vieron trabajar a las hilanderas y escucharon jotas y villancicos tradicionales.

 

El segundo Belén viviente reunía a cuatro generaciones de una misma familia, en una curiosa estampa en la que no faltaron los animales y los figurantes.

 

La siguiente parada la protagonizaron las estrellas, que saludaron a los Reyes Magos a los pies de la recién restaurada iglesia de San Pedro y de ahí, la comitiva partió al barrio de San Pelayo, el punto más esperado del recorrido, donde decenas de vecinos ya se habían congregado para presenciar la representación de la llegada de la Sagrada Familia a Belén, la visita de los Magos a Herodes o la adoración a un Belén viviente que se precia de contar con su propio Niño Jesús de carne y hueso. “En los siete años que hemos hecho la representación, no nos ha faltado un niño pequeño en el barrio que hiciera de Jesús”, explicaban orgullosos los vecinos, que también habían recreado en la plaza toda la aldea de Belén.

 

La ilusión y el trabajo del pueblo se celebró con chocolate, dulces y sopas, aunque para los más pequeños aún quedaba el broche de la fiesta: la entrega de regalos a manos de Melchor, Gaspar y Baltasar, antes de irse a limpiar los zapatos.