El riesgo de un nuevo bloqueo que no nos podemos permitir

Los candidatos a presidente del Gobierno de los seis principales partidos nacionales.

Los primeros compases de la campaña para el 10-N arrancan bajo una sombra: la de la repetición del bloqueo. Tanto las últimas encuestas como las declaraciones de los candidatos y el primero de los debates en televisión ponen de manifiesto que el bloqueo y los bloques siguen vigentes. Los dos grandes, de nuevo en condiciones de liderar el voto, descartan una gran coaliación, de la que el PSOE no quiere saber nada y que el PP prefiere cambiar por una unificación de la derecha. Con las cifras de las encuestas en la mano, esto huele a nuevo 'empate'. Después de seis meses perdidos y camino de las cuartas elecciones generales en cuatro años parece que los partidos y sus líderes no han aprendido nada, porque la tentación de mantener España paralizada sigue, por acción o por omisión, patente. Y eso no nos lo podemos permitir.

 

Las elecciones del pasado 28 de abril tenían que haber aclarado el panorama de un gobierno surgido de la primera moción de censura exitosa a un presidente del Gobierno, pero a la postre el ejecutivo de Pedro Sánchez carecía de apoyos sólidos suficientes para sacar adelante unos presupuestos. No olvidemos que España está funcionando, básicamente, con las cuentas de 2018, con lo que eso supone. No se pueden actualizar convenientemente los parámetros económicos y fiscales, tampoco las inversiones o el empleo, y no se puede recurrir eternamente a los decretos para aprobar las reforzas que necesita el país.

 

Hace seis meses los ciudadanos consagraron una nueva etapa política basada en el multipartidismo más absoluto. El efecto Gobierno impulsó al PSOE y hundió al PP, pruebas más que suficientes para asumir un cambio de ciclo. El partido más votado tenía la obligación de firmar un acuerdo de gobierno con la mayoría necesaria, y si hubiera primado la responsabilidad política hubiera tenido opciones de sobra. Pero ya sabemos lo que ocurrió. Los partidos y sus líderes ignoraron el mandato ciudadano de pactar para sumar y se dedicaron a jugar con los bloques y los vetos. El resultado: el bloqueo. Seis meses perdidos por la incapacidad para aprovechar los resortes que el parlamentarismo español les brinda.

 

Durante décadas, la política española ha sabido sumar los diputados suficientes para gobernar, y no siempre fue fácil para los partidos en el gobierno. Ahora, los principales líderes han cosechado un rotundo suspenso en aritmética política. Los partidos han conseguido encontrar los límites del sistema de formación de gobierno que había funcionado hasta ahora, o más bien podríamos decir que se han empeñado en despreciar lo que había servido. Nunca antes se había ignorado con tanto descaro el mandato fundamental, el de entenderse dar un gobierno y estabilidad, mandato que fue clarísimo el 28-A.

 

Las elecciones del 10-N deben ser las del desbloqueo, y no hay excusas. Tiene que haber gobierno, y rápido, porque las señales económicas (PIB, empleo, déficit) no son positivas; se acerca seguro una etapa de crecimiento anémico, casi plano, si no incluso de crisis, y no podemos entrar en turbulencias sin un gobierno al mando. Pero los líderes políticos han vuelto estos días a las andadas con sus vetos, exclusiones, bloques... que solo a ellos interesan. Vuelven a ignorar los avisos que llegan del 'mundo real', con hasta un 30% de votantes dispuestos a abstenerse, la censura del 80% de la sociedad a la actitud de los políticos y la casi parálisis económica. El riesgo de un bloqueo sigue vivo, y no nos lo podemos permitir.