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De Palencia a Dallas para investigar el cáncer femenino

La palentina Ana Martín. ICAL

La investigadora palentina Ana Martín realizará su trabajo en el centro médico UT Southwestern, uno de los 25 mejores instituciones biomédicas, que cuenta con seis premios Nobel

David Herrero / ICAL

“Luchar contra el cáncer y especialmente el femenino para, en última instancia, mejorar la vida de las mujeres”. Objetivo claro y vital que tiene por delante la palentina, natural de la localidad norteña de Barruelo de Santullán, Ana Martín, en el prestigioso centro médico UT Southwestern en Dallas (EEUU), tras ser la primera española en recibir la beca de investigación a nivel internacional por parte de la Fundación Mary Kay, junto a cuatro compañeros de otros países.

 

Martín afirma en declaraciones a la Agencia Ical que, en su nuevo grupo de investigación, estudiarán los mecanismos moleculares de la progresión del cáncer de mama que afecta tan comúnmente a las mujeres y el cáncer de pulmón de gran incidencia en toda la población, el cual, además “de ser uno de los tipos de cáncer más comunes, también es el que presenta mayor tasa de mortalidad”.

 

La investigadora postdoctoral subraya que, durante su proyecto de tesis, estudiaba la implicación de las proteínas ERK1/2 en melanoma, ya que la actividad de estas proteínas “está alterada en aproximadamente el 50 por ciento de todos los tumores”. Por ello, declara que “va a aplicar los conocimientos adquiridos durante la tesis a estudiar el cáncer de pulmón, donde la alteración en estas proteínas tiene un efecto deletéreo, opuesto al que tiene en el resto de los tipos de tumores”. Es decir, si se consigue describir el mecanismo que confiere esta característica “se podría aplicar a nivel de tratamiento”, añade.

 

La palentina señala que la UT Southwestern Medical Center es uno de los principales centros médico-académicos del país y se encuentra entre las 25 mejores instituciones biomédicas y académicas a nivel global, donde destaca por su “capacidad de integración de investigación biomédica pionera y cuidado clínico”.

 

Además, este centro cuenta con seis premios Nobel, cuatro de ellos todavía activos y, en conjunto, con más de 40 miembros de la Academia Nacional de Medicina y la Academia Nacional de Ciencias. A mayores, recibe anualmente casi 500 millones de dólares y genera un gran número de publicaciones en las revistas de mayor índice de impacto, apunta.

 

CONOCER AL CÁNCER

 

Explica que el cáncer “es una enfermedad muy compleja”, de hecho, se puede hablar de él como “un conjunto de enfermedades”, sin olvidar que cada tipo de cáncer “es en sí difiere de una persona a otra”. Incluso existe una “gran heterogeneidad dentro de cada tumor, ya que no todas las células se comportan de la misma manera, por lo que no se pueden tratar todas igual”. Ese es el motivo de que se haga “más hincapié en la medicina personalizada y en la caracterización del tumor previa al tratamiento”.

 

La situación ideal sería “poder describir con exactitud las mutaciones que han provocado el desarrollo del tumor específicamente en una persona e individualizar la terapia diseñándola en función de éstas y teniendo en cuenta que es complicado que un único tratamiento elimine completamente el tumor”.

 

Además, el tumor, en el momento del diagnóstico, “no será el mismo que meses después, porque las células tumorales se dividen tan rápido que los mecanismos de reparación del ADN no darán abasto”. Por eso, añade que el tumor va acumulando mutaciones que lo hacen cambiar a lo largo del tiempo “generando resistencia”, quien traslada que “no es realista tratar un cáncer con los mismos fármacos en personas distintas”.

 

La investigadora postdoctoral en Norteamérica señala a Ical que “hablar de una cura como tal son palabras mayores”, dado que los objetivos marcados son “más realistas”, como es conocer mejor la enfermedad para “saber dónde atacarla y conseguir un diagnóstico más temprano”.

 

No obstante, puntualiza que los descubrimientos importantes en un laboratorio pueden traducirse en una espera de hasta 20 años para su implementación clínica. Ese es uno de los motivos por los que “no se aprecia la investigación básica y no se apoya económicamente, por la falta de resultados a corto plazo”, comenta.

 

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