La historia de Teresa, una guerrera que encontró en la Fundación ONCE Baja Visión el apoyo que llevaba años buscando

Convive con una limitación visual que condiciona su día a día, pero no le ha impedido desarrollar una carrera profesional vinculada a la docencia y la psicología

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El autor esAlejandro De Grado Viña
Alejandro De Grado Viña
Lectura estimada: 4 min.
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Teresa Gutiérrez lleva toda la vida viendo el mundo de una forma diferente. Nació con una lesión congénita en la mácula que le dejó prácticamente sin visión funcional en el ojo derecho, aunque durante años ni siquiera fue plenamente consciente de que aquello suponía una discapacidad. "Yo pensaba que el mundo era así", recuerda. Mientras otras personas distinguían objetos, formas y distancias con ambos ojos, ella solo percibía "bultos, luces y sombras" con el derecho. Sin embargo, se acostumbró desde niña a convivir con esa realidad hasta el punto de normalizar muchas de las dificultades que encontraba en su día a día.

No fue hasta que terminó sus estudios de Magisterio y Psicología, cuando comenzó a buscar trabajo, cuando alguien le sugirió que intentara afiliarse a la ONCE. Tenía poco más de veinte años y aquella fue la primera vez que tomó conciencia de que su situación visual podía tener un reconocimiento específico. Eso sí, la respuesta... fue negativa.

Aunque no veía por uno de sus ojos, la visión corregida del conjunto superaba los límites establecidos para acceder a la organización. Lo intentó en otras dos ocasiones a lo largo de los años y el resultado fue siempre el mismo. "Tenía una limitación visual evidente, pero no la suficiente para entrar en la ONCE", resume en una entrevista concedida a TRIBUNA.

Una discapacidad invisible

La falta de visión binocular provoca que Teresa no perciba la profundidad como la mayoría de las personas. Una circunstancia que afecta a tareas aparentemente sencillas y que suele pasar desapercibida para quienes la rodean. Por ejemplo, servir agua en un vaso requiere una estrategia específica. Debe sujetar el recipiente con una mano y apoyar la botella para asegurarse de que el líquido cae dentro. "Tengo que fiarme del tacto porque no sé si el vaso está más cerca o más lejos", explica.

Algo parecido sucede con las escaleras. Cuando los escalones no están bien señalizados o tienen colores uniformes, le cuesta distinguir dónde empieza uno y termina otro. Por eso suele comprobar con el pie dónde se encuentra el siguiente peldaño antes de bajar. "Toda mi vida pensé que era más torpe que los demás. Luego entendí que no era torpeza, sino que simplemente no percibía las distancias como el resto", relata.

La misma limitación explica por qué nunca llegó a entender el fenómeno de las películas en tres dimensiones. Mientras los espectadores sienten que los objetos salen de la pantalla, para ella la imagen sigue siendo completamente plana.

Una carrera profesional sin barreras

A pesar de las dificultades, Teresa nunca permitió que su discapacidad condicionara sus aspiraciones. Cumplió su sueño de dedicarse a la enseñanza, trabajó como maestra y posteriormente desarrolló su carrera como psicóloga. Natural de Guardo (Palencia), inició su trayectoria profesional en centros educativos antes de trasladarse a Valladolid en 1999 para incorporarse al ámbito de la discapacidad y el empleo.

Desde entonces ha desarrollado buena parte de su carrera vinculada a Inserta Empleo, entidad de la Fundación ONCE dedicada a favorecer la inclusión laboral de las personas con discapacidad. "Nunca he ocultado mi discapacidad. Me cuesta cero reconocerla y hablar de ella", asegura.

Precisamente por eso defiende la necesidad de visibilizar aquellas limitaciones que no resultan evidentes a simple vista. "La sociedad suele verlo todo de forma muy extrema. O llevas un bastón o una silla de ruedas o parece que no tienes ninguna dificultad. Pero entre ambos extremos hay muchísimas situaciones que también existen", afirma.

Encontrar por fin un espacio

Durante años, Teresa sintió que su realidad quedaba en una especie de vacío. Tenía una discapacidad visual reconocida oficialmente, pero no podía acceder a los recursos destinados a las personas con ceguera legal.

La creación de la Fundación ONCE Baja Visión cambió su situación. La entidad nació para atender a personas con discapacidad visual que conservan más del 10% de visión y que, por tanto, no cumplen los requisitos de afiliación a la ONCE

Cuando comenzó a escuchar que el proyecto tomaba forma, Teresa sintió que, por primera vez, alguien pensaba también en personas como ella. "Igual por fin había encontrado mi hueco", recuerda.

Aunque actualmente no necesita ayudas específicas, valora especialmente saber que existe una estructura preparada para ofrecer apoyo cuando sea necesario. "Ahora sé que, si mi situación cambia o necesito algún recurso concreto, tengo un lugar al que acudir. Tengo una casa, y eso antes no lo tenía", explica.

Normalizar lo que no siempre se ve

La historia de Teresa refleja la realidad de muchas personas con baja visión. Ciudadanos que desarrollan una vida completamente autónoma, trabajan, forman una familia y participan plenamente en la sociedad, pero que conviven con limitaciones que suelen pasar inadvertidas.

Por eso considera fundamental dar visibilidad a estas situaciones y avanzar hacia una mayor comprensión social. "No somos ni más ni menos capaces que nadie. Lo único que necesitamos es que se entienda que existen discapacidades que no siempre son visibles", concluye.

De hecho, para ella la Fundación ONCE Baja Visión representa precisamente eso: el reconocimiento de una realidad que durante demasiado tiempo permaneció fuera del foco y que ahora permite que miles de personas dejen de sentirse solas ante una discapacidad que forma parte de la vida cotidiana de la propia Teresa... una verdadera guerrera. 

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