carta del director

Castilla y León entra en tiempo electoral

Castilla y León ha entrado ya, de facto, en tiempo electoral. Aunque el calendario oficial aún no marque el pistoletazo de salida, los principales partidos han comenzado a mover sus fichas y a perfilar estrategias con la vista puesta en unas elecciones autonómicas que se celebrarán en un contexto político especialmente abierto e incierto.

El Partido Socialista ha querido dar un primer golpe de efecto con la presentación de las líneas generales del programa de su candidato, Carlos Martínez, en un acto celebrado en Madrid y arropado por varios ministros del Gobierno. No es un detalle menor, aunque se hace de manera habitual. El PSOE busca proyectar una imagen de respaldo nacional, de conexión directa con el poder central y de alternativa sólida tras años de gobiernos del Partido Popular en la Comunidad. El mensaje es claro: Castilla y León forma parte de una estrategia de cambio más amplia y cuenta, según los socialistas, con el apoyo político y presupuestario del Ejecutivo de Pedro Sánchez.

Sin embargo, el escenario elegido también encierra riesgos. Presentar el proyecto autonómico fuera de la Comunidad puede interpretarse como una muestra de fortaleza, pero también como una cierta distancia con el territorio al que se aspira a gobernar. El reto de Carlos Martínez será trasladar ese impulso político a las provincias, al mundo rural y a una sociedad que históricamente ha mostrado un marcado escepticismo ante los anuncios y promesas que llegan desde Madrid.

En el otro lado, el Partido Popular ha optado por una estrategia más orgánica y territorial, dando a conocer los números uno de sus listas por provincias. Una decisión que incorpora numerosas novedades y que apunta a un proceso de renovación interna con el que el PP pretende reforzar su proyecto autonómico, actualizar liderazgos y consolidar su implantación provincial. El mensaje que lanza es el de un partido preparado, con estructura y con candidatos reconocibles para un electorado que valora la cercanía y la gestión.

Ambos movimientos reflejan dos maneras distintas de afrontar el inicio de la precampaña: el PSOE busca impulso político y visibilidad nacional; el PP, afianzar su base territorial y ofrecer sensación de estabilidad y continuidad, aunque con caras nuevas. Entre ambos, se abre un espacio decisivo para otras fuerzas políticas, especialmente aquellas de carácter local o provincial, que pueden volver a desempeñar un papel clave en la gobernabilidad de la Comunidad.

Castilla y León se encamina así hacia unas elecciones en las que no solo estará en juego un cambio de siglas en el Gobierno autonómico, sino el modelo de Comunidad para los próximos años: su relación con el Estado, el equilibrio entre mundo rural y urbano, la respuesta al reto demográfico y la capacidad de ofrecer certidumbre política en un tiempo de fragmentación.

La carrera ha comenzado. Y, como casi siempre en Castilla y León, el resultado no se decidirá tanto en los grandes actos como en la capacidad de cada proyecto para conectar con un territorio diverso, exigente y poco dado a entusiasmos efímeros.