El buen maestro
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Recetas para educar

Juan Carlos López
Entusiasmo por la educación y por la vida

El buen maestro

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¿Cómo debe ser un buen maestro? Primer requisito, ser una persona con cierto grado de madurez y equilibrio, pues va a tratar con niños, muchos de ellos, con unas necesidades afectivas y personales que requerirán de un adulto que les sostenga.

 

Para ello, el maestro, necesitará un círculo cercano de personas con el que pueda desahogarse, pues el día a día tendrá muchas situaciones que le crearán tensión: con los niños, con los padres, con la Administración incluso con compañeros. Y el poder “resetear”, para volver al día siguiente nuevo y sin resquemor, es vital, pues el resquemor nos quema.

 

Debe saber ser MAESTRO. ¿Y eso qué es? pues es saber organizar una clase para su mejor funcionamiento, empezando a nivel físico. Conocer la óptima ubicación de cada cual para el mejor funcionamiento del aula. Saber cómo se comienza (con energía, con entusiasmo, contagiando optimismo y buen rollo) no entrando, corriendo y diciendo ¿a ver dónde nos llegábamos ayer...? Controla las “mesetas” donde baja la atención para intervenir adecuadamente: con una anécdota, con un vídeo, con una curiosidad, con una pregunta oportuna, lo que se conoce como hacer pequeñas paradas activas. Debe saber bajar el nivel de excitación del aula. Teniendo estrategias para los problemas de disrupción en el aula. Y, termina la clase con un buen final que también hay que preparar. Sabe que se aprende más y mejor si los contenidos son autobiográficos (contenido habitado). Todo ello con entusiasmo y sentido del humor.

 

Por supuesto, es educado en el hablar, saluda, se despide y lo hace con una sonrisa, en buena lid. Sí, también a los alumnos. Es una persona formada, y en continua actualización.

 

Domina su materia, y la transmite de manera atractiva y sencilla para que los alumnos la comprendan.

 

Debe ser un buen didacta: para ello tiene que preparar bien las clases, saber qué métodos funcionan mejor en cada momento, tener una variedad de recursos amplia, tendrá en cuenta las investigaciones sobre estilos de enseñar y estilos de aprender de D. Gallego, C. Alonso junto a P. Honey, en las que nos mostraban que el “café para todos”, en educación no vale. Y cómo cada alumno tiene una mejor manera de aprender, y hay que ofrecerle diversas maneras de enseñar.

 

Conoce a sus alumnos, cómo son, por qué son así, de qué son capaces, sabe guiarles para sacar lo mejor de cada uno de ellos. Los lleva a su mejor versión. Si no los conocemos es como si les damos una medicación sin saber qué es lo que necesitan tomar. Debemos ver a los niños como astros con luz propia, ya que muchos hemos sido educados para orbitar y no brillar por nosotros mismos. Un maestro es un poco mago de ilusiones y médico de emociones. Celebra los logros de sus alumnos, disfrutando de sus éxitos.  Cree en lo que hace y sabe que puede marcar la diferencia en las vidas de los demás, por eso se compromete.

 

Conoce el desarrollo psicológico y las necesidades de cada alumno según su edad, para entenderles y generar oportunidades.

 

Sabe usar diferentes estrategias y metodologías para cambiar el ritmo de la clase, sabiendo motivar, crear curiosidad, sorprendizaje (R. Barreda nos dice que hay que sorprender para aprender.) y continúa diciendo: “Yo me niego a aburrir. La educación no puede ser aburrida jamás. Mucha de la educación está anestesiando, no queremos anestesistas, queremos donantes de sangre. La letra con sangre no entra. La letra entra cuando pones sangre, es cuestión de actitud de los profes”. Hay que poner sal a la comida cuando está sosa, de igual manera hay que poner sal a la clase. Debe saber secuestrar la atención y provocar la reflexión. Igual que primero cavas el hoyo y luego plantas el árbol, primero capta la atención y luego da tu mensaje. La clase debe ser interesante, no divertida, aunque no pasa nada por ser divertida, pero al menos interesante.

 

Tiene y usa múltiples recursos, experiencias, herramientas tecnológicas. Sabe dar una metodología a la tecnología. Y si le toca estar detrás de la pantalla, sabe hacer que la pedagogía atraviese la pantalla.

 

El maestro debe hacer lo difícil fácil.  El mejor método es el mejor maestro. Habla la mitad de lo que habla su alumno. Educar no es conseguir niños callados. Sabe cómo llevar el cerebro de sus alumnos al gimnasio. Ya que aprender no es un deporte para espectadores. Sabe que no hay correlación entre los deberes y los resultados académicos, y por ello es cauto a la hora de poner tareas.

 

Genera un clima de aprendizaje cálido y respetuoso, donde apetezca aprender. El otro día un alumno me decía: “A mi profe hoy le ha dado una rabieta”, bueno pues si al profe le ha dado una rabieta, no se puede aprender. En una ocasión un alumno me dio las gracias y cuando le pregunté por qué lo hacía, me respondió: “Me he dado cuenta de que le importo a alguien”. ¡Uf! Solo por eso ya tiene sentido mi profesión. La escuela es una oportunidad para prestar atención a los niños.  Para muchos niños somos su segunda oportunidad, pues a veces sus familias no son lo que necesitan. Hay que crear espacios “guau”, “qué bien se está aquí”. No puede ser que el 85% de los niños no quieran ir al colegio.

 

Es difícil aprender de alguien que sabes que no te aprecia y no te valora. Debemos crear el vínculo de confianza. Las emociones son la pasarela hacia nuestros alumnos. Un aula sirve para conectar personas. Somos un referente emocional. Educar la mente sin educar al corazón no es educar en absoluto. Ser maestro supone saber escuchar, ser empático, con cercanía, saber leer la vida en la cara de los alumnos. Porque los niños aprenden primero por la vista, por lo tanto, será modelo de comportamiento. El maestro no enseña con indicaciones, sino con actos.  

 

Esta profesión es un lujo te permite crecer como persona y si te equivocas al día siguiente te da otra oportunidad.

 

Debe tener la capacidad para ser un profesional que actúa con cierto grado de autonomía, especialmente en lo que se refiere a los contenidos curriculares y los libros de texto. Hoy tenemos libros de texto a prueba de maestros. Nuestro Currículo es excesivo. El buen maestro sabe apartar los contenidos si la vida lo necesita. Que no le dé miedo salirse del currículo.

 

Evalúa para mejorar, pero sabe que la evaluación sola no enseña nada, de la misma manera que el análisis de sangre no cura. El alumno debe ver que en el aula no castigamos errores, reparamos los efectos. Hay niños que creen que no pueden equivocarse.

 

Colabora con otros educadores, comparte su conocimiento, sabe que, nadie sabemos tanto como todos juntos, y que hay que ver para aprender. Sabe implicarse en un proyecto común más allá de su aula. Haciendo cómplices de la educación a las familias, a las que sabe tratar y acompañar. Hace poco leía “El maestro ha muerto, viva el equipo docente”, bueno no hace falta morir para creer en el equipo docente.

 

La escuela

 

Hay que repensar la escuela: qué debemos aprender, dónde se aprender, cómo se aprende, con quién se aprende. Dejar de ser centros de enseñanza para ser centros de aprendizaje pues el futuro no de los sabelotodos, sino de los que quieren aprender todo. Nadie puede decir que enseña muy bien si sus alumnos no aprenden. Decía Churchill, “Me encanta aprender, pero me horroriza que me enseñen”. Hay que evitar la memorización bulímica: ese atracón de contenidos para vomitar al poco tiempo. El conocimiento se ha democratizado: el docente no es el único portador de conocimiento. Resulta inquietante, el yo vendo, pero no compran. Habría que preguntarse por qué no compran ¿lo necesitan? ¿Es demasiado caro?, ¿les interesa? ¿hay quien vende a mejor precio? ¿tiene carácter insoportable el vendedor?... Cambiemos vendedor por maestro. Y de paso formemos un maestro diferente.

 

La escuela tiene que cambiar la educación. La escuela no se arregla con el BOE sino con la didáctica. Los gobernantes deberían ver que su capacidad de entrar en las aulas es mucho mas pequeña de lo que creen.

 

La escuela está muy burocratizada y acelerada. Parecemos una apisonadora y no nos paramos a reflexionar. Hay que ralentizar, incluir “intermezzos”, poner a dieta el currículo y aprender a dibujar fuera de los márgenes.

 

La escuela debe hacer sujetos libres para integrarse en una sociedad democrática. Debe ser el lugar para aprender a pensar, para crear ciudadanos críticos. Para que haya un mejor futuro tiene que haber una mejor educación.

 

Nos decía el Padre Andrés Manjón, “Son muchas y excelentes las condiciones de un buen maestro, por lo cual es difícil hallar quien las tenga completas y no es pagado el que al ideal de perfección se aproxime; pero el malo, de balde es caro."

 

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