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Pedro Santa Brígida
Periodista

¿Qué estudios y qué profesión tienen los políticos?

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El post de Pedro Santa Brígida en Tribuna de Valladolid.

No sé si alguna vez se han preguntado qué estudios tienen o de qué profesión proceden las personas que ocupan habitualmente los 350 escaños del Congreso de los Diputados o los políticos en general. En ocasiones habrán oído decir que la mayoría de ellos no han ejercido jamás una profesión anterior, afirmación que no es cierta, aunque sí lo es que hay un significativo número que jamás conoció una nómina que no fuera ejerciendo un cargo en alguna institución pública.

 

Es verdad que hay políticos que apenas han pasado por la empresa privada o por la función pública y que, en cambio, llevan décadas ejerciendo de concejales, diputados provinciales, procuradores autonómicos, diputados o senadores, a menudo intercambiando puestos entre estas administraciones. Cada cual tiene derecho a enfocar su proyecto de vida como quiera, a convertirse en político, camionero, empresario de tanatorios o periodista. Todas las profesiones merecen el mismo respeto, pero no olvidemos que en unas se curra bastante más que en otras.

 

Otra cosa es si la política debe/puede o no ser una carrera para toda la vida laboral. Mi opinión, en términos generales, es que quienes se dedican a la gestión de los intereses de la ciudadanía deberían tener, al menos, un mínimo bagaje en un trabajo por cuenta ajena, haber sido funcionarios, autónomos o empresarios. Además, creo que los cargos públicos deberían conllevar fecha de caducidad, más que nada para que el personal no se acomode en exceso en un mismo sillón (o que la tentación por el dinero de todos le supere) y, de paso, se mueva con mayor agilidad el banquillo en los partidos políticos.

 

Gracias a los datos recogidos por los portales de transparencia del Congreso podemos saber que la mayoría de quienes ocupan puestos en esta Cámara Baja posee estudios superiores, y un 10 por ciento o no contestan o disponen del Bachillerato (y por ello no tienen necesariamente por qué ejercer peor su labor política). Los estudios más repetidos son: Derecho, Económicas, ADE, Ciencias Políticas, Medicina, Historia, etc… Estos datos son trasladables a los parlamentos autonómicos, también a ayuntamientos y diputaciones, aunque en estas dos últimas instituciones por lo menos aparecen los agricultores y los ganaderos.

 

En lo que no tienen remedio sus señorías es en el dominio de idiomas. Estamos en 2019 y tan sólo un 18 por ciento de los diputados y diputadas hablan con fluidez alguna lengua extranjera. Y en este caso que nos ocupa no vale el catalán, el euskera o el gallego como ‘animal de compañía’. Propongo que quienes ocupen cargos públicos cuenten con la obligación de acudir a clases de inglés o francés o alemán o chino, por no decir árabe, japonés o ruso, hasta que se certifiquen con un B2 ¡qué menos!

 

Llama también la atención el alto porcentaje de maestros de colegios y profesores de institutos y de universidades que se han puesto el traje de diputado (o de político en general). Un 16 por ciento de sus señorías ha ejercido la docencia y ha cambiado la pizarra -digital- por el escaño. En el polo opuesto, hay que anotar una exigua proporción de empresarios y autónomos en el Congreso. No llegan al 6 por ciento y me pregunto ¿por qué será?

 

Ahora que vamos a votar -otra vez- y que sería conveniente que los españoles acertáramos con la elección en su conjunto por el bien del país, no estaría de más que todos supiéramos quiénes son y qué han hecho en la vida profesional los hombres y mujeres a los que vamos a entregar nuestra confianza porque, no lo olvidemos, la votación es a personas concretas que figuran en las listas de unas formaciones políticas determinadas. Al menos en Valladolid y en casi ninguna provincia de España votamos directamente a los Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias, Santiago Abascal y compañía.

 

En realidad, con unas dosis de sentido común, formación, experiencia, talento, ganas verdaderas de trabajar por los demás, capacidad de diálogo y no ser ‘mangantes’ sería suficiente para hacer una buena labor en las instituciones públicas. A lo peor, es mucho pedir.

Comentarios

Interesados 14/11/2019 00:30 #2
De las juventudes del,partido pasan a vivir de la politica toda su vida. Que le pregunten a Tomas Burgos que estudios tiene.
P. Pinto 07/11/2019 13:11 #1
Los cargos públicos de todas las administraciones deberían estar limitados a 8 años,

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