El mercadeo de los Presupuestos Generales del Estado
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Menudo Panorama

Pedro Santa Brígida
Periodista

El mercadeo de los Presupuestos Generales del Estado

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La historia se repite. Ha comenzado la tramitación en el Congreso de la Ley de Presupuestos Generales del Estado 2022 y el Gobierno consigue los apoyos necesarios para aprobarla mercadeando con partidos políticos a los que les encantaría destruir al propio Estado. Ocurre siempre que no hay mayorìas absolutas porque el sistema parlamentario democrático no es perfecto.

 

En España no todos somos iguales, no todos los territorios reciben el mismo tratamiento económico y fiscal. El sistema foral del País Vasco y Navarra es un privilegio a todas luces injusto con el resto de las comunidades autónomas (eso de los derechos históricos sí que habría que revisarlo, pero ¿quién le pone este cascabel al gato?). Cataluña -pese a la falacia de 'España nos roba'- cada año apaña millonarios fondos extras. Y después estamos todos los demás, divididos en dos zonas con intereses alejados, las muy pobladas y la denominada España vaciada.

 

Por citar sólo algunos detalles de este presupuesto, el gasto del Estado en 2022 será de 458.970 millones de euros, incluyendo los 27.632 millones de fondos europeos, a las pensiones se destinarán 171.000 millones, la recaudación del IRPF aumenta un 8,1% y las comunidades autónomas gestionarán 126.508 millones del total. Como vecino de Castilla y León lamento profundamente que el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico reduzca sus partidas un 18%.

 

El actual sistema de financiación autonómica ha quedado obsoleto. Nadie lo discute. Todos los territorios quieren más pasta porque son quienes gestionan, entre otros muchos asuntos, las cuestiones esenciales: sanidad, educación y servicios sociales. Las zonas despobladas quieren que se tenga en cuenta esta peculiaridad geográfica. Las muy pobladas exigen que se aporte a todos igual por habitante porque así resultan más beneficiadas.

 

Repartir dinero es complicado, siempre hay quien se siente discriminado y nunca hay quien renuncie para que se beneficie a otro territorio. Si esto le añades la ideología, apaga y vámonos. Considero trágico que el Gobierno tenga que buscar los votos de Bildu y ERC para atar los presupuestos (y el sillón). Que se 'distraiga' dinero en asuntos nimios (Netflix en catalán) con la cantidad de necesidades perentorias existentes en este país me parece patético.

 

Este trapicheo político que se repite al final de cada año, cuando se negocian los presupuestos del Estado, es obsceno. Que ocho votos de aquí, 10 de allá y 14 de más lejos determinen la política española no tiene sentido, salvo para los que chupan del bote común. Acabaremos teniendo un partido político de cada provincia. Llevamos camino de ser cada vez un país más débil, menos justo, más insolidario... y eso anima el extremismo. Es de lógica elemental.

 

La única manera de limitar este miserable mercadeo sería modificar la ley electoral (y la Constitución). Los ciudadanos tendríamos que ir a una segunda vuelta con los dos candidatos más votados en una primera ronda, a la que se podría presentar todo el que quisiera (como en Francia). Estoy convencido de que es más justo política y socialmente para el conjunto del Estado. El problema es que eso sólo está en manos de un hipotético acuerdo entre el PSOE y el PP y eso es ciencia ficción. Por desgracia.

 

Y a todo esto, la deuda pública es de 1,3 billones de euros. El futuro de las próximas generaciones está hipotecado por las miserias políticas de las últimas décadas.

Comentarios

María 25/11/2021 12:27 #1
Suscribo este sensato análisis, la política es necesaria, cómo se utiliza es otro cantar. Los votantes deberíamos de tener más memoria

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