Optimistas y pesimistas (depresión)

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Que uno parta de unas habilidades altamente efectivas para lograr grandes gestas no es motivo para que su base emocional siga el mismo camino. Esto lo saben bien los depresivos, quienes conocen mejor que nadie sus talentos y su potencial, pero su visión de la vida particularmente negativa echa toda esa caballería por tierra.

 

Las personas vemos el mundo de formas específicas, de cada uno, de modo que una misma situación puede ser interpretada como algo asombroso y constructivo o bochornoso e intolerante. Esta visión acerca de qué significan las cosas para nosotros es lo que provoca que nos movamos en direcciones opuestas unos de otros sin que nadie posea una razón absoluta. Después de esta clase de personas, se encuentran los depresivos, quienes se explican la vida en términos donde bochornoso e intolerable se transforman en apodos alegres y prácticos, dada la extrema desazón en la que están sumidos.

 

Sin ser excesivamente metódicos, se puede decir que las explicaciones que se dan acerca de sus contratiempos son la marca característica de las personas deprimidas. Lo que podemos aprender de los considerados “Reyes” de la terapia cognitiva ( Aaron T. Beck, Martin P. Seligman y Albert Ellis ) es que los mayores cambios para el alivio o la curación de la depresión vienen dados de un cambio en la pauta explicativa. Si se modifica lo que la persona piensa de sí misma y se mejora su visión del mundo los cambios en la calidad de vida de la persona son notables a corto plazo.

 

Ascender en el trabajo, iniciar una relación, cambiar de imagen, son infinitamente acciones más fáciles si miramos la vida como un regalo y no como una tortura. Pero no todas las depresiones son iguales. Todos hemos pasado en algún momento de nuestras vidas por una depresión suave, una especie de desmoralización breve, de modo que si así lo decidimos, no nos resultaría complicado entender y empatizar con quienes viven ahogados en ella cada día durante semanas, meses o años. Sin importar la continuidad y la dureza de la depresión y dejando a un lado las mejoras psicológicas por medicamentos, todos tenemos a mano la posibilidad de cambiar las emociones con las que podamos crear una visión de la vida más próspera y optimista, menos negativa y limitadora.

 

Veamos algunas diferencias:

- Un pesimista creerá que él es el responsable directo de todas sus desgracias, y entonces surgen el desprecio por uno mismo y el autocastigo, pero quienes aceptan que no todo está bajo su control viven en realidad menos estresados, más liberados y con capacidad para expresarse o retirarse del juego, según ellos prefieran.

- Un pesimista utiliza un vocabulario demoledor en sus argumentos, y como ya hablamos en "El arte de la palabra" esto aumenta el impacto sobre nuestras emociones. Una persona optimista modifica y positiviza no solo lo que le dice a los demás, sino lo que se dice a sí mismo y la diferencia en cuanto a cómo se siente respecto a un pesimista ante las mismas situaciones es brutal.

- Una persona pesimista, y aunque en parte tenga razón, extenderá cualquier error que cometa en un área específica de su vida a otras áreas, aunque estas no tengan ninguna relación. Es parte del autocastigo y uno de los puntos clave para ir saliendo de su actual espiral de negatividad es no cargar con más responsabilidad de la que le concierne por sus fracasos.

- Optimismo y pesimismo funcionan por inercia, es la profecía que se cumple. Ya crea una persona que puede o que no puede hacer algo, con mucha facilidad sus acciones irán encaminadas a confirmar esa creencia.

- Un pesimista piensa en términos de permanencia. Tiende a creer que sus desdichas se mantendrán por mucho tiempo y esto puede desmotivar a cualquiera. Un optimista sabe que nada es para siempre y trabaja en soluciones que se lo demuestren.

- Un depresivo no tiene que ser pesimista por naturaleza, pero sí que puede haber ido adquiriendo hábitos que le llevaron a sufrir la depresión, como malos y repetidos pensamientos o anticipaciones de un desastre en su vida personal. La pérdida de un ser querido, por ejemplo, es un duro golpe pero no por ello uno debe masticar la desgracia en su cabeza durante años.

 

El tema es mucho más largo y da para varios post pero creo que con estos ejemplos bastará para entender cómo piensa un depresivo y qué se puede ir haciendo para aliviar la situación cambiando las pautas pesimistas por otras más optimistas. No se ha hablado de quienes por enfermedad llevan la depresión en sus genes y cuando lo haga, será bajo la tutela de quienes de forma profesional se dedican al tema, porque con toda probabilidad yo no sea la persona adecuada para eso.

Comentarios

Roberto Serna 15/09/2019 22:56 #2
Esteban! Estoy de acuerdo contigo, tenemos política hasta en la sopa. Con la de temas interesantes de las que tener una agradable charla.
Esteban 12/09/2019 22:08 #1
Menos mal, por fin unos artículos que no hablan de política, ya estamos hartos de política. A los que les guste ya tienen bastante información, y a los que ni nos va ni nos viene nos gusta relajarnos con otras informaciones. O tragedias y malas noticias, que encima nos las repiten cien veces. Qué pena de información periodística.

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