Nuestro fuego interior

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   Los talentos son los dones que de forma natural nos hacen crecer, si decidimos desarrollarlos. Pero sucede que eso casi nunca ocurre. Nos hallamos ante una epidemia de personas dispuestas a empujar en dirección contraria a sus fortalezas innatas, y si esto ocurre es porque en algún momento alguien o algo les instó a ser "realistas", en lugar de escuchar su fuego interior.

   Todos tenemos razones para hacer lo que debemos y no lo que queremos. Y por esa razón sufrimos. Cuando deber y deseo caminan en direcciones opuestas sentimos en nuestro nivel más profundo de realización personal que no estámos donde nos corresponde. Este descuadre cognitivo entre nuestros verdaderos deseos y nuestras obligaciones morales es el responsable de que pasemos nuestra vida sin tener una idea clara de qué es lo verdaderamente importante.

 

   La sociedad está llena de personas cuyos talentos les pudieron hacer grandes, pero no supieron cómo defenderlos. Por esa razón solo unos pocos son los que destacan. ¿Cuál es la diferencia entre ellos y el resto de la sociedad? Desde muy temprana edad aprendieron a vincular una sana sensación de atracción hacia lo que más tarde se convertirían en sus valores. Su marca de fábrica es el riesgo que asumieron al separarse del guión común que siguen los demás para establacer uno propio hecho a su medida. Son nuestros valores, nuestros pricipios más arraigados los que nos convierten en seres excepcionales y nos separan del común de los mortales. Así es como de formas casi inperceptibles trabajamos en nuestros talentos y tratamos de alcanzar su máximo nivel.

 

   Los talentos son y serán una fuente de inspiración, cambio y contribución capaces de descubrir la riqueza que hay en nuestro interior. Basta una pizca de atención, una pequeña acción que los active para sentir la fuerza de cambio que provocan, y basta de tomar la sola decisión de bajar al nivel de "realista" cualquiera de nuestras intenciones de progresar a través de ellos para vernos defraudados de nuevo. Aunque parezca un truco de magia, el sentimiento de decepción con nosotros mismos por no haber establecido unas leyes de acción respecto a nuestros deseos es algo real, y en no pocas ocasiones algo poderosamente negativo y destructivo. La conclusión es que para llegar a convertir cualquier talento que poseamos en algo productivo, beneficioso, es tan importante poseer talentos como los valores que nos permitan aprovecharlos. Si tenemos un don pero mantenemos una creencia que no nos permite exprimir su poder, entonces es como si no tuviéramos nada. Este es el por qué de muchas decepciones, de muchas vidas truncadas mantenidas bajo creencias como "mejor poner los pies en la tierra" o una de mis favoritas, que suele llegar de la mano de alguien que no es capaz de ver en nosotros una persona con un enorme potencial, como es la de "más te valdría abrir los ojos y dejar de soñar". Son creencias provenientes de personas cuyos valores reflejan la falta de oportunidades que se dieron a sí mismos, afectando de forma definitiva a su capacidad para creer en los demás. Como ellos no consiguieron sus sueños, creen que los que sí los consiguen es debido a factores como la suerte, el dinero o las influencias. Rara vez, si es que algúna vez lo hacen, achacan el éxito de los demás a la explotación de sus propias fortalezas.

 

   Entonces la clave consiste no solo en tener talento, sino unos valores personales que pongan de manifiesto una actitud proactiva, soñadora y disciplinada. La totalidad de nuestros éxitos en la vida no son "fruto del destino" o de la suerte, son fruto del valor del riesgo para iniciar un sueño, el valor de la disciplina para perseverar ante cualquier adversidad y el valor de la humildad para entender que sea lo que sea lo que nos ocurra, aceptaremos la pérdida y nos prepararemos tan pronto como sea posible para embestir de nuevo.

 

   Debemos desarrollar los talentos que nos impulsen a seguir nuestro camino, a sentir satisfacción e integridad con cada acción que tomemos, en lugar de continuar con todo aquello que nos detiene en seco. Hallar que nos encontramos a cargo del control de las cosas es sin lugar a dudas más fácil y placentero cuando poseemos y desarrollamos nuestros dones naturales. No hay nada que nos prohíba hacerlo desde ya mismo.

 

  En la portada un fotograma de la película "Million dollar baby", con Hillary Swank interpretando uno de los mejores papeles femeninos de la historia y galardonado con un Oscar, el de Maggie Fitzgerald, una joven boxeadora, sola, y con dificultades para llegar a fin de mes, pero con talento y un sueño en su cabeza. Descartando el trágico final de la película hay que recalcar que cualquiera que la vea se puede ver claramente influenciado por su pasíon y perseverancia a la hora de convertirlo en realidad. Quizás eso es lo que nos falte y que tanto se necesita para llegar a rozar un sueño.

Comentarios

Roberto Serna 01/05/2019 17:34 #2
Buen comentario Gonzalo. De hecho creo que esa es una de las cosas en que fallamos al echarnos hacia un objetivo, no sentimos la suficiente pasión por alcanzarlo y cuando encontramos obstáculos a priori insalvables apenas perseveramos en buscar una salida. Para mi una de las claves del éxito en cualquier área de nuestra vida.
Gonzalo José 30/04/2019 18:32 #1
Pasión y Perseverancia. Qué dos palabras más bonitas, a mí me gustan mucho. Son nuestro fuego interior, claro que sí; pero , y si las grabamos también a fuego en nuestro interior??? Qué poquitas cosas iban a fallar en nuestra vida, de esas cosas que está en nuestras manos poder decidir y cambiar, por supuesto. Si no hay pasión no somos nadie.

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