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De todo un poco…

Vidal Holgado

GILipolLETTE

Desde luego hay que ser gilipuertas, o de GILLETTE, para hacer semejante anuncio. No soy partidario de alegrarme de mal ajeno, mas bien practicante de aquello que dicen de las barbas del vecino, que en este caso viene al pelo, sobre todo si no me proporciona ningún beneficio, pero que quieren, tampoco puedo evitar que me aflore el demonio que, de mayor o menor tamaño, hasta los santos, todos llevamos dentro.

 

Lo dicho, hay que ser mastuerzo para publicitarte poniendo a parir a tus principales clientes. Pues sí, me alegré al enterarme que los de Gillette se han buscado la ruina y no por ellos, no tenía nada en su contra, sino porque demuestra que, por mucho que la progresía se empeñe en hacernos creer que los hombres, solo por su condición de machos ya son, en potencia, violentos, maltratadores, violadores y asesinos, no cala, para su desgracia, reconforta comprobar que todavía abundan en el mundo mentes lúcidas que no tragan imbecilidades.

 

Está de moda, aparte de, que ser animalista, vegetariano, ecolojeta, salvador del mundo, feminista, pertenecer al colectivo LGTBI o simpatizar con él, y participar en las batucadas manifiesteriles, es chachi pirulí, el criterio de que a los hombres les tienen que privar las mujeres masculinas, que no es lo mismo que mujeres con garra y criterio, que saben defender sus derechos sin perder su feminismo, atributos que mejoran su currículo y las hacen más deseables, y no las musculonas ni las masculonas que, sin exageración, también se agradecen. En cuanto a la mujer, que deben empoderarse, joder que palabra más fea, que eso del hombre y el oso era antes, en tiempos retrógrados, que donde esté un buen figurín con ramalazo, “quítate pallá”, tampoco me lo creo, vale que la mujer aprecie, más que el hombre, ciertos valores más castos, algunos no menos egoístas, eso no quita que también tenga sus apetencias y preferencias, y no son tontas.

 

Todo esto me recuerda a aquel mejicano que presumía de que en su pueblo eran “tos mu machos” y un compatriota, que le escuchaba, le dijo que en el suyo eran la mitad machos y la mitad hembras y se lo pasaban de miedo. Claro está que, para pasar un buen rato, no es imprescindible que los actores sean heterosexuales, ya nos han demostrado que en asuntos concupiscentes vale casi todo y es de suponer que, ganas y maestría son componentes fundamentales en el resultado, a saber, quién gana en el disfrute, pero, eso sí, hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y a quien se transmite el mensaje, pueden malinterpretarte y pegarte un galletazo o un gillettazo.

 

Si los de Gillette se hubieran limitado a hacer el clásico anuncio de la mocita de buen ver, ofreciendo las maquinillas, cantando sus excelencias y contando lo suaves que son y el gustirrinin que dan, las cuchillas digo, y no se hubiesen metido en camisa de once varas, seguro que hubieran vendido más productos de afeitar y no se hubieran pegado un tiro en el pie, vale que ese tipo de anuncios se puedan considerar sexistas y hasta, para algunos y según, con ciertas connotaciones de dudosa moralidad. Opiniones habrá para todas las mentalidades, gustos y preferencias, ¿y qué?, la vida ya nos da suficientes disgustos como para renunciar voluntariamente al disfrute de alguna que otra alegría. Esos anuncios, pese a quien pese, dan resultado y yo no veo ningún peligro, otras cosas más graves admitimos, que si lo tienen, no hay que exagerar y ser meapilas, ejemplares que hoy se encuentran por doquier entre estos nuevos críticos y moralistas de pacotilla, que se creen guardianes de derechos ajenos inventados, de la moral, y de las buenas costumbres que ellos fijan porque les conviene, no saben hacer la o con un canuto y se atreven a enmendar la plana a los demás por cosas que ellos hacen todos los días y de peor manera, porque lo hacen por interés y con mala leche.

 

Supongo que a los responsables de publicidad en Gillette ya les habrán proporcionado carretera, y manta para que vayan a vender las maquinillas al bazar Lacalle, han conseguido que
sus productos valgan menos que sus falsificaciones, eso sí, con la desventaja de que, a sabiendas,
los compradores preferirán la copia.

 

Ahora mismo me voy a comprar una cuchilla Gillette, de las de cincuenta cts., hay que ser
agradecido, también me daré el gustazo de, al salir de la tienda, tirarla en la primera papelera
que me encuentre. Gracias Gillette, por haberme alegrado el día.

Comentarios

Miguel 14/08/2019 07:59 #1
¿De dónde han sacado a este cavernícola? No había visto el anuncio y termino de hacerlo gracias a él. Si esta campaña le ofende tanto, tiene un serio problema. Y también lo tienen ustedes y el resto de la sociedad.

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