Cuaderno de bitácora

Cuaderno de bitácora

Por Sonsoles Sánchez-Reyes Peñamaria

El día en que volamos en globo


En 1783, mientras el mundo atravesaba momentos convulsos, sumido en plena Guerra de la Independencia Norteamericana y gestándose el caldo de cultivo que haría estallar la Revolución Francesa, dos hermanos fabricantes de papel lograban convertir en realidad el sueño, largamente acariciado por la humanidad, de poder volar.

Joseph-Michel Montgolfier había nacido en 1740 en la pequeña localidad francesa de Annonay. Apasionado de la física, su ilusión era producir una máquina voladora. Aunque estuvo empleado en la empresa papelera de su padre y hasta estableció la suya propia, sentía que esa no era su vocación.

Joseph había observado la fuerza ascendente que el calor provocaba en una camisa tendida frente a una chimenea, percatándose de que el aire caliente es más ligero que el frío. Comenzó entonces a trabajar en su proyecto de elaboración de un globo, en el que implicó a su hermano Jacques-Étienne, un arquitecto cinco años menor.

En 1782, confeccionaron bolsas de seda y las elevaron con el aire emanado de la quema de papeles. Creyeron haber descubierto un gas especial que brotaba de la ignición, que bautizaron "gas Montgolfier". Tras el éxito de las pruebas, organizaron un lanzamiento público desde la Place des Cordeliers en Annonay. Construyeron un enorme globo de 11 metros de diámetro y cerca de 900 m³, con envoltura de algodón cosido sobre láminas de papel, que pesaba más de 200 kg.

 

Eligieron el 4 de junio de 1783, buscando mayor repercusión por la convocatoria de la asamblea de los Estados Generales de Vivarais en Annonay. Ataron el artilugio al suelo, con una cámara de combustión de paja y lana húmeda. Cuando se generó calor, cortaron las cuerdas y la aeronave se alzó entre aplausos, llegando a una altitud entre 1600 y 2000 metros. Diez minutos después, al enfriarse el aire de su interior, descendió hasta posarse en un campo a 2 km y se incendió. Los testigos confirmaron la veracidad del vuelo, y los Montgolfier escribieron a la Academia de Ciencias para ser reconocidos oficialmente como los primeros de la historia en desarrollar un objeto volante. Como epónimo de sus inventores, a estos ingenios se les llamó, en femenino, montgolfière.

La Academia les invitó a París para realizar una demostración. Allí, conocieron a Pilâtre de Rozier, con quien colaborarían en lo sucesivo. Mientras tanto, el físico Jacques Charles, junto a los hermanos Robert, hizo despegar del parisino Campo de Marte, ante miles de asistentes, el 27 de agosto de 1783, un globo de seda con "aire inflamable" (hidrógeno, gas descubierto por Cavendish poco antes, en 1766), que se conocería desde entonces como charlière por su creador, logrando cubrir 24 kilómetros en 45 minutos. Al aterrizar, campesinos despavoridos apedrearon y acuchillaron a lo que creyeron un monstruo caído del cielo.

Existían ya dos clases de globos aerostáticos, rivalizando sus partidarios: el de aire caliente y el de hidrógeno. En los de aire, los pasajeros iban en una galería perimetral por encima de su cuello; en los de hidrógeno, se alojaban debajo de él, en una barquilla amarrada a la esfera. Como el hidrógeno es el gas más liviano, un dispositivo pequeño podía levantar idéntica carga que uno grande de aire caliente. El hidrógeno se enfría menos que el aire, permitiendo mayor autonomía de desplazamiento; sin embargo, puede arder en contacto con oxígeno.

Los Montgolfier llevaron a cabo una exhibición ante el rey y la Corte en la explanada de Versalles, atestada de público, el 19 de septiembre de 1783, con un globo de 18 metros de alzada y 400 kg, nombrado "Le Réveillon" en honor a Jean-Baptiste Réveillon, director de la Real Manufactura de Papeles Pintados. Este había diseñado para el aparato un fondo azul celeste con el monograma regio (dos L entrelazadas), y adornos dorados de flores de lis y signos del zodiaco.

 

Anunciados por un cañonazo, una oveja, un pato y un gallo abordaron a las 13 horas una cesta redonda de mimbre, sujeta al globo por una cuerda, con la finalidad de comprobar si los seres vivos sobreviven a la altitud. La aeronave se remontó 600 metros. Por un desgarro, descendió lentamente 8 minutos después, tras avanzar 3,5 kilómetros.

Los animales corrieron mejor suerte que la perra Laika: recogidos sanos y salvos por Jean-François Pilâtre de Rozier, fueron llevados al zoológico de Versalles. El éxito del experimento abrió la puerta al primer aeronauta humano, algo prohibido por Luis XVI hasta el momento. El monarca lo autorizó entonces, aunque no quiso presenciar la experiencia pionera.

El físico y químico Pilâtre de Rozier se convirtió en el primer hombre en completar un vuelo, junto al Marqués de Arlandes, sargento mayor de Infantería, el 21 de noviembre de 1783. Sobrevolaron París 25 minutos a una altitud de 1000 metros y una distancia de 9 km. Fueron aclamados como héroes.

Seguía la pugna hidrógeno-aire. El 1 de diciembre de 1783 se congregó en las Tullerías una aglomeración de 400.000 personas para ver a Jacques Charles y Nicolas-Louis Robert capitanear un globo de hidrógeno. El artefacto, rosa y amarillo, de casi 10 metros de altura, estaba envuelto en una red de malla. Cuando se elevaron, agitaron banderines blancos para saludar a los espectadores, que aplaudían. Testigo fue Benjamin Franklin, inventor del pararrayos, embajador de Estados Unidos en París. Charles y Robert regulaban la altitud lanzando por la borda bolsas de arena como lastre y abarcaron 43 kilómetros.

El 19 de enero de 1784, Joseph de Montgolfier realizó un ascenso desde Lyon con otros seis aventureros, uno de ellos Pilâtre de Rozier, en un globo gigante bautizado "Le Flesselles", de 13.000 m³. A pesar de que iban sobrecargados, ningún expedicionario quiso desistir, por lo que se verían obligados a realizar un aterrizaje forzoso tras un corto trayecto. El Conde de Laurencin organizó un segundo intento para dos pasajeros, y ofreció un lugar a Élisabeth Tible, que sería así la primera mujer de la historia en volar.

 

El 4 de junio de 1784 arrancó de Lyon, entre gran expectación, a las 6 de la tarde, el globo aerostático denominado "La Gustave" en honor a Gustavo III de Suecia, ensamblado y decorado por el pintor Fleurant, quien escoltó a Élisabeth Tible en su itinerario aéreo.

Tras sentir frío, zumbido en los oídos y dificultad para respirar, vieron el combustible agotándose, y Élisabeth redujo el fuego para bajar. La tela estalló y comenzó a arder, por lo que cayeron aceleradamente, pero lograron escapar ilesos, tras haber batido récords de altitud (1500 m) y duración (45 minutos) en globo Montgolfier, recorriendo 6 kilómetros. 

Como Élisabeth sufrió un esguince de tobillo, los llevaron triunfalmente a hombros, rodeados de una multitud, hasta el Gran Teatro de Lyon, donde el rey sueco asistía a una función. Allí Tible fue agasajada con flores. En París, recibieron una medalla de la Real Academia de Ciencias. Ella nunca regresaría a Lyon. Murió en la capital gala sin llegar a cumplir 28 años, solo meses después de su hazaña.

España no fue ajena a la moda europea de la ingravidez. Un día después de la gesta de Tible, el 5 de junio de 1784, se efectuaba el primer pasaje tripulado de un globo aerostático de aire caliente en nuestro país en el Real Sitio de Aranjuez, presenciado por la familia real y su Corte, junto a numerosa concurrencia.

El infante Gabriel de Borbón, hijo de Carlos III, poco sospechaba que le quedaban cuatro años de vida antes de que la viruela se la arrebatase. Había hecho llamar al francés Jean-Pierre Bouch para pilotar el ingenio. Pero la aeronave sufrió un accidente y produjo lesiones a su ocupante. Como indemnización, el infante le concedió una generosa pensión vitalicia de 20 reales diarios. Además, encargó un óleo sobre lienzo al pintor Antonio Carnicero Mancio para inmortalizar la ocasión. Fechado en 1784, está titulado Ascensión de un globo Montgolfier en Aranjuez, y actualmente pertenece al Museo del Prado.

 

Pilâtre de Rozier se elevó junto al químico Joseph Proust el 23 de junio de 1784, en el globo bautizado "La Marie-Antoinette" en honor a la reina, ante Luis XVI de Francia y Gustavo III de Suecia. Alcanzaron 3.000 metros, sobrepasando las nubes y recorriendo 52 km en 45 minutos, un récord, hasta que el frío y las turbulencias les forzaron a descender. 

Desgraciadamente, Rozier, el primer hombre en volar, pronto se convirtió también en la primera víctima mortal de un accidente aéreo. Su objetivo era cruzar el Canal de La Mancha desde Francia hasta Inglaterra. Como un globo Montgolfier requeriría grandes depósitos de combustible para calentar suficiente aire a fin de sortear tanta distancia, construyó uno combinado de aire caliente e hidrógeno. Mas se le adelantaron Jean-Pierre Blanchard y el médico estadounidense John Jeffries: lograron atravesar el Canal de La Mancha en un globo de hidrógeno el 7 de enero de 1785, desde Dover a Francia.

Rozier y su colega, Pierre Romain, iniciaron la ruta inversa, desde Boulogne-sur-Mer el 15 de junio de 1785 para sobrevolar el mar hasta la otra orilla. Lamentablemente, el artefacto se desinfló súbitamente y se estrelló en el Paso de Calais, con el trágico resultado del fallecimiento de los dos exploradores. Rozier tenía 31 años.

Vicenzo Lunardi, secretario del embajador napolitano, fue el primer navegante en globo de hidrógeno en Inglaterra. El 15 de septiembre de 1784, flanqueado por un perro y un gato, partió desde Londres, ante una muchedumbre entre la que se encontraba el príncipe de Gales, futuro Jorge IV. John-Francis Rigaud representó un segundo vuelo londinense en 1785 en un óleo sobre lámina de cobre, actualmente en el Museo del Prado, titulado Los tres viajeros aéreos favoritos, en el que aparecen George Biggin, la actriz Leticia Anne Sage y Lunardi, aunque este, por restricciones de peso, no embarcó. Cobraron entrada a los espectadores. Lunardi volaría desde los madrileños jardines del Buen Retiro el 12 de agosto de 1792, escena plasmada a pluma por Goya.

Cada 9 de enero, los estadounidenses celebran el Día Nacional del Ascenso en Globo, como recuerdo de la jornada que inauguró la aviación en su país. El 9 de enero de 1793, a las 10, Jean-Pierre Blanchard surcó los cielos desde el patio de la cárcel de Walnut Street en Filadelfia, Pensilvania, a bordo de un globo de seda de hidrógeno, junto a un perro. Blanchard vendió localidades para ver el lanzamiento y reunió a muchos presentes, incluido el primer presidente de Estados Unidos George Washington, quien se cuenta quería acompañar en el vuelo. El aeronauta, tras 46 minutos, tomó tierra.

 

Los hermanos Montgolfier acabaron abandonando la aeronáutica. Étienne tomó las riendas del negocio familiar en 1787 e ingresó en la Academia de Ciencias en 1796. Joseph continuó innovando y alumbró el "ariete hidráulico" (1792), una bomba que permitía subir el agua varios metros. Tras la Revolución, se instaló en París como administrador del Conservatorio de Artes y Oficios y fue miembro de la Academia de Ciencias desde 1807.

En 1983, 200 años después del primer lanzamiento, en Annonay, apodada "ciudad de inventores", se organizó una recreación histórica de aquel momento, con 300 personas vestidas de época dándose cita en la Place des Cordeliers, de donde partió aquel primer artificio que desafió a la gravedad. 150 globos aerostáticos despegaron en 10 días de festividades. Ese año se fundó la asociación de globos aerostáticos de Annonay, con participación activa de descendientes de la familia Montgolfier. El colectivo anualmente impulsa un encuentro internacional.

La ciudad, que ha erigido en la plaza del ayuntamiento un monumento a los Montgolfier por suscripción popular, continúa destacándose hoy en la fabricación de globos aerostáticos. En 2002, el Instituto Americano de Aeronáutica declaró a Annonay "Sitio Histórico Aeroespacial". En 1969, la NASA les envió un télex de agradecimiento tras la llegada a la luna.

La urbe cuenta con el Museo del Papel y de los Hermanos Montgolfier en su casa natal, y celebra un festival temático el primer fin de semana de julio. Todo, para guardar y honrar la memoria de que allí fue donde al ser humano le brotaron alas