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Por Emilio Rodríguez García

¿Hay futuro en Salamanca para nuestros jóvenes?


El acceso al primer empleo se ha vuelto más complicado, especialmente en los sectores donde la tecnología marca el ritmo. Hay menos contratación, menos rotación y, por tanto, menos puertas abiertas para perfiles junior que necesitan aprender. 

La IA tiene su parte de culpa: automatiza tareas, acelera procesos y reduce la necesidad de ciertos roles de entrada. El resultado es que los puestos pensados para aprender trabajando se reducen. Y ya sabemos que otro tipo de trabajos, más mecánicos, pesados y con jornadas intensas, tampoco llaman la atención, más aún cuando tienes el SMI o una ayuda que te compensa más.

El mensaje que me gustaría trasladar no es para el talento joven, que lo tenemos, sino para las organizaciones que dicen quererlo y para los gobiernos que deberían de animarles a trabajar. Y es importante si queremos dar una oportunidad al futuro laboral de nuestra ciudad.

Lo que hoy nos inquieta del futuro distópico al que parece abocarnos la IA ya lo hemos vivido antes. Cada gran salto tecnológico en informática vino acompañado del mismo temblor de manos.

A toro pasado, os diría que el miedo que experimentamos nunca fue realmente técnico. Fue psicológico. Significa aceptar que no vamos a revisar cada línea que ejecuta el sistema, que vamos a confiar en capas intermedias, en programas que no hemos hecho nosotros. Es un acto de fe.

El problema es que esta vez la transición coincide con un mercado laboral más conservador. Si antes un perfil junior podía empezar haciendo tareas repetitivas mientras aprendía, ahora muchas de esas tareas las hace una IA en segundos. 

Si las tareas de entrada desaparecen, ¿cómo diseñamos los itinerarios de aprendizaje?
Si exigimos criterio desde el primer día, ¿cómo lo cultivamos sin dar espacio a equivocarse?
Si la productividad aumenta gracias a la IA, ¿reducimos plantilla o invertimos ese margen en formar mejor? Muchas preguntas para pocas respuestas.

Quizá el cambio más urgente no es que el talento se adapte a las nuevas herramientas, sino que las empresas rediseñen su forma de integrar talento. Nuevos modelos de formación. Equipos donde la IA sea un multiplicador y no un filtro. Procesos de selección que valoren la capacidad de aprender por encima de la lista infinita de requisitos. Ideas hay, pero necesitamos conocer la viabilidad de las mismas en un entorno productivo.

Taiwán ha sido pionero a la hora de establecer una ley para la protección explícita de los derechos laborales, contemplando medidas para las personas que pierdan su empleo como consecuencia de la automatización y el uso de IA. Un enfoque que reconoce que el progreso tecnológico debe ir acompañado de responsabilidad social.

Ojalá nosotros también busquemos ese hueco para impulsar la innovación sin perder de vista la ética, la transparencia y el impacto social de la IA. Ojalá Salamanca se convierta en una referencia en un momento clave de transformación digital