No estoy ni me sospecho

Nada de nada. Tocarse los pies. Que siempre será mejor que te los toques tú a que te los anden tocando otros. Bueno, en esto hay opiniones, no se crean.

Viendo la botella medio llena, en el mejor de los casos

En Tierra de Campos también existen pueblos abandonados o casi. Lugares en los que habitan dos o tres familias en verano y que seguro lo hacen por nostalgia y por seguir aferrándose a la pequeña patria que los vio crecer.

Gente añeja en-barricada

Ellos también han decidido manifestarse a su manera. Así es. Cada cual tiene su propia fórmula.

Carrera de ríos

Érase una vez un jardín pequeñito que tenía flores gigantes y tiestos que se resbalaban por los tapiales de su delimitación.

¡Vaya tropa!

Verano tormentoso, en el que prolifera el turismo de "a costa", porque el asueto no se puede estirar ni en playas lejanas ni en valles cercanos. Es lo que hay. Resignación. Paciencia. Debemos confiar.

Al agua patos

Me comentaba un alcalde que las piscinas de los pueblos casi son rentables, quizás porque se trata de un ocio estupendo a precio módico, tal vez porque hay gente en lo rural que no se marcha de vacaciones o porque muchos veranean de nuevo en la patria chica.

Pues ahora voy y me quejo

Ya llegó la calor y el "uhhh, no se puede soportar". Porque aquí estamos deseando tener mucha o poca temperatura para  quejarnos. Es lo que toca. Si hace frío, nos quejamos. Si llega el verano con sus rigores, pues nos quejamos. Total, de momento, es gratis y saludable...por descarga de tensión y quedarse como nuevo.

Una de indios y para de contar

Estamos viviendo una película del oeste. Un western de bajo presupuesto rodado en los años dorados del Tabernas almeriense. Los malos: los políticos y los banqueros. Los buenos: el resto del mundo. Entre los malos no se entienden. Y los buenos andan divididos. Desconozco, dicho sea de paso, si la dama del rodaje es una señora de rasgos teutónicos. Y tampoco tengo muy claro si el ayudante del sheriff es de fiar.

Hay pueblos que se mueren

Paredes que lo resistieron todo y aleros que se proyectaban infinitos. Casas que barruntaban futuros que fueran dignos de su pasado. Calles que borbotaban conversaciones y, horizontes, eso sí, que permanecen inmóviles para que la cosa no se ponga peor.